Mi vecino el vampiro
Tuve el primer indicio un lunes. Un lunes de lluvia cuando volvía del trabajo, después de un fin de semana de inusuales tres días sin trabajar. Claro, no era el mejor momento para sacar conclusiones sobre la aparente raza de un vecino con el que jamás había cruzado palabra. De hecho, con ningún vecino cruzo palabras. No es de antipático o soberbio o nada que se le parezca, simplemente no me sale, no está en mí. Si voy al almacén o a la ferretería o cualquier otro local del barrio y hay vecinos hablando, en mi cabeza es como oír otro idioma, no me entra, no escucho. Soy incapaz de relacionarme con los vecinos. Eso quizás explica un poco todo lo que ocurriría en los días posteriores.
Ese día lo vi en la ventana del segundo piso. Se llamaba Mauro (tenía entendido), tendría unos treinta y pico y vivía sólo, o al menos yo nunca lo había visto con nadie. Tampoco lo había visto muchas veces, siendo sincero. Vivía en una casa antiquísima de dos pisos, bastante venida abajo pero con un estilo llamativamente señorial. Ese día, al verlo ahí en la ventana fue la primera vez que le presté atención detalladamente a la casa, siempre estuvo ahí, a la vista de todos y nunca había reparado en lo terrorífica que era.
La escena fue breve, yo estaba en la vereda y vi la silueta en la ventana, miraba a la calle. Tenía puesta una especie de capa. Por detrás suyo apareció otra silueta, parecía ser un hombre. Mauro automáticamente se dio vuelta y le mordió el cuello, el otro hombre cayó al suelo y no vi más nada, cerró la persiana.
Quise no creerlo, me hice el distraído conmigo mismo, aquello podía tener cientos de explicaciones. ¿Cuantas chances había que mi vecino sea un vampiro? Quizás no estaba mordiendo a ese hombre, lo estaba besando. La capa era rara, difícil de explicar, pero hay tanta gente loca, quien soy yo para juzgar la vestimenta de una persona.
Esa noche no pude dormir, la idea me daba vueltas por la cabeza, tuve docenas de pesadillas. Miré el reloj, marcaba las 6:30 am. Me levanté de la cama, ya no tenía sentido forzar algo que no iba a pasar. Esa mañana hacía calor, de esos calores pesados, los que te aprietan contra el suelo, como si la gravedad estuviese multiplicada. Me puse un short y salí a la calle, miré para la casa del vecino, no había movimientos. Pero lo que me encendió las alarmas fue ver que todas las persianas estaban cerradas, ni un rayo de luz podía ingresar en aquel lugar. Estuve a punto de tocarle la puerta con alguna excusa, de esas de vecinos, como una taza de azucar. Pero me detuve. Nuevamente la racionalidad ganó:
¿Como iba a tocarle la puerta a alguien un martes a las 7 de la mañana? ¿Que problema había en sus persianas cerradas? Era lógico, a mucha gente no le gusta el sol. O quizás tenía el aire acondicionado prendido, o era fotofóbico. Cualquier conclusión era más lógica que la del vampiro. Volví a mi casa, me cambié y me fui a trabajar.
Pasé horas casi sin hacer nada de lo que me correspondía, mi superior me llamó la atención dos o tres veces, la realidad es que no me podía concentrar, no podía dejar de pensar en Mauro y su comportamiento. Había una especie de atracción, como si algo me llamara a él. Tomé una de las peores decisiones: googleé "Vampiros". Me pasé toda la tarde leyendo sobre estos seres fascinantes. Me abstraje completamente de mi entorno. Cuando terminó la jornada, mi jefe me dijo que necesitaba hablar conmigo, pero no lo escuché. Fui derecho a mi casa, o al menos esa era la intención.
Casi sin darme cuenta, me encontré de nuevo en la puerta de la casa de Mauro, mirando las terminaciones de la construcción, petrificado, como esperando que algo suceda. Aún era de día, quedaba algo de sol, entonces, siguiendo mi lógica de investigación, supuse que el vecino no iba a aparecer, me di media vuelta para irme a mi casa, pero antes que pueda dar un paso, se escuchó el sonido de la enorme puerta abriéndose. Me paralicé, giré lentamente el cuerpo y ahí lo vi:
Parado bajo el marco, con una presencia imponente, vestía una especie de campera de cuero con abrojos y tenía el pelo negro engominado hacia atrás. Los ojos, tenían misterio, pero atracción, no pude identificar si me miraba directamente a mí o a mi alma. Sentí que esa mirada me era familiar. O quizás todo seguía siendo producto de mi imaginación. ¿Siquiera estaba seguro que era Mauro? Si solo lo había visto una que otra vez y muy de lejos. Me di cuenta que ambos estábamos en silencio, él esperaba que yo dijera que hacía en la puerta de su casa y yo luchaba entre mi conciencia y mis fantasías.
-Perdón, no sé bien por qué me paré acá. Creo que nunca había observado la arquitectura de tu casa, es como muy... no se, hay algo que...- me mostré completamente dubitativo y vulnerable. Mauro lo supo, por eso me interrumpió. Exhibió una perfecta sonrisa (sin colmillos largos)
-No te preocupes, la gente suele pararse en la puerta de mi casa, tiene una especie de atracción ¿Querés pasar?
No recuerdo bien que respondí, quizás nada coherente, solo palabras sueltas intentando armar un concepto. Me fui inmediatamente y me encerré en mi casa. Ahora tenía más preguntas que respuestas, la situación había sido decididamente extraña, de eso no había dudas. Sin embargo, había algunas cosas que no podían convivir con mi teoría del vecino vampiro, la principal era que lo había visto durante el día. Eso echaba por tierra todas mis conjeturas. Sin embargo decidí investigar un poco más y me encontré con algo espeluznante.
Resulta que según los antiguos escritos y las leyendas urbanas, existe un tipo de vampiro llamado "vampiro superior" o "vampiro supremo". Una especie que ha desarrollado una inusual resistencia a las debilidades que presentan los vampiros regulares. Son milenarios, viven desde que el universo se creó, adoptan diferentes formas y solo pueden ser asesinados por otro vampiro superior. Son inmunes a estacas, plata, sol, agua bendita y cualquier arma común contra vampiros. Me quedé reflexionando por unos segundos, hasta que me interrumpí con mi propia carcajada. No solo que estaba sospechando que mi vecino era un vampiro si no que ahora además era un vampiro supremo , de los que solo existirían un puñado y que era extremadamente poderoso. Decidí dar por terminado el tema.
Salí a tirar la basura antes de irme a dormir y me crucé con Celia, una vecina muy mayor del barrio, siempre que me ve, me saluda muy amablemente y me habla de varios temas. Celia tiene una cualidad, no termina ningún concepto, arranca hablando de algo y engancha con un tema siguiente sin cerrar el anterior, es espectacular. Por supuesto, a raíz de su cualidad, yo desarrollé una propia: mirarla sumamente atento, no escuchar absolutamente nada de lo que habla y responder sistemáticamente cada treinta segundos "claro" "mire usted" "si si, entiendo" y mi favorito "que bárbaro". La dinámica funcionó siempre a la perfección.
Esa noche, con mi bolsa de basura en mano decidí intervenir nuestra química, y en medio de su monólogo, interrumpí:
-Doña Celia ¿que sabe usted de Mauro? El vecino de la casa antigua de allá.
Celia se quedó mirándome sorprendida, quizás era la primera vez que me escuchaba construir una oración completa de más de dos palabras. Sin embargo, luego de comprender, me respondió:
-Mauro es medio raro, pero lo conozco de toda la vida. Es bueno, nunca trajo un problema, es respetuoso. No sé mucho más. El que no es respetuoso es el vecino de la vuelta, el que tiene la chata esa grande gris...- dejé de escuchar nuevamente cuando Celia cambió de tema. Sin embargo me había servido para quedarme más tranquilo, el tema estaba terminado, mi vecino no era un vampiro.
Cuando tiré la basura en el contenedor, una idea me abordó como violando mi mente: ¿como que lo conoce de toda la vida? ¿De toda la vida de quien? ¿De él o de Celia? Celia tenía como 90 años. Entonces eso podía significar que el aspecto juvenil de Muro era engañoso. La situación me estaba pasando por encima. Debía averiguar algo más.
Me paré frente a su casa, sería cerca de la medianoche, solo había dos luces prendidas, una en el piso de arriba a la derecha y la otra en la entrada, no se escuchaban ruidos pero yo sabía que estaba despierto. Decidí sentarme en el cordón y esperar.
El sonido de un ave me despertó. Ya era casi de día, me había quedado dormido, tenía lógica, hacía días que no descansaba bien. La casa de Mauro seguía en la misma situación, aún con las luces encendidas. La puerta se abrió, yo me paré y caminé haciéndome el distraído. De la casa salió Mauro con dos hombres más, los tres vestidos de negro, con gafas oscuras, exhibían los dientes de manera aterradora y se tocaban la boca con el dedo índice. ¿Estarían limpiándose la sangre de las víctimas? La situación me había absorbido por completo, me quedé tieso mirando. Mauro lo notó, me miró, forzó una sonrisa y se metió en la casa.
El cuerpo me temblaba, me metí en la cama, no me podía dormir, no tenía idea de como hacer para ir a trabajar, no quería, no lo iba a hacer, no tenía ganas de estar con gente, de ver el sol. Me pasé el día entero sufriendo, como si algo me comiera por dentro ¿sería la culpa de no avisarle a nadie más del peligro inminente? O quizás era el miedo a estar volviéndome loco. Llegó la noche y decidí salir a caminar, esta vez sin rumbo.
La oscuridad y el silencio de una ciudad dormida calmaron un poco mi ansiedad, anduve por bares y cabarets en busca de distracciones, mi vida laboral realmente no me importaba, necesitaba paz, la obtuve, por un momento me olvidé del asunto de los vampiros, aunque no del todo. Cuando la ciudad empezó a amanecer y la gente puso en marcha su vida, decidí volver al barrio.
Estando ya a una cuadra, algo me dejó helado: una cinta que decía "prohibido pasar", decenas de patrulleros policiales y todos los vecinos en la calle, temí lo peor, creí que algo había pasado en mi casa, pero no, era en la casa de Mauro. El humo aún sobrevolaba en el aire, la casa había quedado en el pasado, solo escombros, el olor a quemado invadía las tripas. Corrí y la encontré a Celia.
-¿Que pasó?- pregunté algo agitado
-El pobrecito Mauro, nunca estuvo muy bien, dicen que tenía problemas con las drogas, que sufría de depresión. Abrió todas las llaves de gas y voló la casa. Por suerte las casas linderas están lejos, no hubo más heridos, solamente a Marta se le rompieron unos vidrios, pero viste que el marido de Marta...- esta vez no hice el esfuerzo de intentar escucharla, me fui a mi casa, a la cama, no quería estar ahí, me sentía horrible.
Tantas conjeturas y teorías, y no vi la más sencilla, Mauro era el más humano de todos, y yo no lo pude ayudar, por cobarde. Pasé todo el día en la cama, cuando llegó la noche no pude evitar salir, cada vez me gustaba más el silencio y la oscuridad. Fui derecho hasta las ruinas de la casona. Caminé por sobre los escombros, como buscando una respuesta. A unos metros, sobre lo que parecían ser restos de una chimenea, vi una sombra, como si algo se moviera. Me acerqué, la luz de la luna lo iluminó por completo, era un murciélago enorme, posado, con su mirada llena de vacíos. Abrió las alas y voló directamente hacía mí. Cerré los ojos. Desperté en mi cama.
¿Todo había sido una pesadilla? ¿Cual era la realidad? Desde ese día, no pude dormir más durante las noches, ni tener apetito. Me dediqué a vivir en la nocturnidad, siempre vuelvo a la casa de Mauro, como si algo me atrajera. No se cual será mi destino, pero no me preocupa, después de todo, los vampiros no existen.

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