Ese martes 13
Ese martes 13 fue transcendental para él. Lo cambió para siempre. El despertador sonó 40 minutos antes, así lo programó él. Semejante fecha espeluznante ameritaba salir con más tiempo y evitar los eventuales imponderables. Además, se pronosticaba lluvia, y había que ganarle a ese fenómeno. Para completarla, su jefe, ya le había advertido que no volviera a llegar tarde si no quería tener problemas. Se levantó de la cama con el pie derecho (por supuesto), fue directo al baño a lavarse los dientes, sin ponerse nada de ropa, respetando todas las cábalas. Tocó las ruedas de la bici, infladas. Todo listo, ahora había que ganarle al día. Salió con fe, confiado. Treinta cuadras separaban su casa de su trabajo. En la mitad exacta del camino, no vio un pozo enorme, y se fue al piso con bici y todo. Sólo unos raspones, nada grave, lo más complicado era el destrozo de la rueda delantera del vehículo. No quedaba otra que llevarla en andas hasta su trabajo, no había tiempo de dejarla e...