Mi vecino el vampiro
Tuve el primer indicio un lunes. Un lunes de lluvia cuando volvía del trabajo, después de un fin de semana de inusuales tres días sin trabajar. Claro, no era el mejor momento para sacar conclusiones sobre la aparente raza de un vecino con el que jamás había cruzado palabra. De hecho, con ningún vecino cruzo palabras. No es de antipático o soberbio o nada que se le parezca, simplemente no me sale, no está en mí. Si voy al almacén o a la ferretería o cualquier otro local del barrio y hay vecinos hablando, en mi cabeza es como oír otro idioma, no me entra, no escucho. Soy incapaz de relacionarme con los vecinos. Eso quizás explica un poco todo lo que ocurriría en los días posteriores. Ese día lo vi en la ventana del segundo piso. Se llamaba Mauro (tenía entendido), tendría unos treinta y pico y vivía sólo, o al menos yo nunca lo había visto con nadie. Tampoco lo había visto muchas veces, siendo sincero. Vivía en una casa antiquísima de dos pisos, bastante venida abajo pero con un e...