El cuento de los cuentos de la buena pipa
Olor a tabaco y café. En la casa de mi abuelo siempre había olor a tabaco y café. El tipo estaba todo roto, se tomaba mil píldoras por día. Se cuidaba, hacía un esfuerzo sobre humano para obedecer: -"No me saquen el pucho, el café y la música, es lo único que pido, porque ahí, ya no me tendrán más"- solía decir. Se acomodó en su sillón y me dijo: -¿conoces los cuentos de la buena pipa?- Mi cara me delató. Otra vez lo mismo, otra vez ese pseudo paso de comedia que hacían todos los viejos, y que seguramente ya venía de otros más viejos. -No te lo pregunto para molestarte, te lo pregunto porque si no los conoces, yo puedo hacer que lo hagas. Puedo sacarte de ese eterno misterio que te atormenta- Me cautivó. Una vez más, el viejo me tuvo en la palma de su arrugada mano y en la calidez de su aguardentosa voz. -Yo era pibe, no tanto, pero tampoco era grande. Esa noche hacía un calor descomunal para esos tiempos (aunque no tanto como ahora) entonces me fui a mojar la cabeza al ba...