Mientras tanto, el café se enfría
Me levanté temprano. Siempre me levanto temprano. Esta vez fue peor ¡ni siquiera había claridad!. Me volví a meter en la cama, en un rato pasaría Flavia con su ronda y si me llegase a ver fuera de la cama, quien sabe que castigo me tocaría. Hoy, además, hay bingo temprano, no me lo quiero perder. Antes me gustaba estar en cama, era un lindo lugar para reflexionar, poner la mente en blanco. Después de un día pesado de trabajo, la cama es una meta. Ni hablar de las otras cosas que se podían hacer ahí cuando mi reina tenía ganas o en tiempos anteriores, cuando alguna casual señorita curiosa me regalaba “el ticket dorado válido por una noche, diversión solamente entre las sábanas”. Que tiempos. De todos modos, a esta altura no estoy seguro de lo que estoy recordando. La cama ahora es mi enemiga, duele, en todos los sentidos de la palabra. Duele la espalda, duele el aburrimiento. Sobre todo, se le esquiva por el reposo, nunca falta un gracioso que justo pasa por la puerta cuando uno...