En el final, el amor
No quedó nada. No quedó nadie. Se perdió todo. Quizás exagero un poco, algunos estamos, sin embargo, hilando fino, somos pocos, y somos nadie. Desaparecieron los CEOS, los presidentes, los artistas, los deportistas, todo aquello ya no tiene valor. Es cierto que si camino 300 o 400 metros para algún lado, quizás, eventualmente me encuentre con algún afamado ser humano que dejó ver sus trascendentes atributos antes de que todo explote. Pero es eso, una eventualidad, además, nada de eso importa. Ya no son nadie, igual que yo. Creíamos que nos la sabíamos lunga. Teníamos todo controlado. Confiamos estúpidamente en la idea del ser humano superior. Nos convencimos de ser invencibles, eso fue lo que nos llevó hasta acá. Jugamos con la tecnología, con el medio ambiente y hasta con los vínculos. No vimos el error, el que estaba por venir, el que terminaría con el mundo. Lo sabíamos, vivimos décadas pensando en "el fin del mundo". Lo veíamos en las películas, nos lo avisaban los cham...