El barco
Me despertó el sonido de una gaviota en la ventana de mi camarote. Abrí los ojos y me sentía completo. Respiré y no me dolía nada. No tenía responsabilidades en mi cabeza. Todo lo malo había quedado en tierra. Claro, los amores también, a ellos si los extraño, de todas formas no me preocupa tanto, ya nos vamos a encontrar otra vez. Salí de la cama y apoyé los pies en el suelo, que presentaba una temperatura ideal, ese piso que te invita a caminar descalzo por todos lados, una de las sensaciones más lindas del mundo. Me paré despacio para no marearme. No sabía cuánto había dormido, pero me sentía muy descansado. Con esas ganas incontenibles de hacer cosas. Así que sin más, me puse un short y una remera y salí a cubierta. Lo primero que vi al subir las escaleras fue un cielo completamente despejado, ni una nube. Algunos pájaros solo decoraban el lienzo celeste. El sol estaba ahí, pero aún no calentaba mucho, lo justo y necesario como para andar así suelto de ropa sin sentir f...