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Mostrando las entradas de septiembre, 2020

Las apariencias engañan

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 "Cuando yo era chico era distinto. Era mejor". Una frase que se repite casi en la totalidad de los seres humanos, y creo que es verdad. En veinte años, que se supone que es una cantidad de tiempo en la que las personas crecen, todo cambia. Es tanto lo que cambia el mundo, que ni siquiera somos capaces de acordarnos el valor monetario de las cosas hace veinte años, pero lo que sí nos es fácil identificar son los pequeños detalles que nos hacen creer que la propia infancia fue la mejor y que la infancia de la actualidad está contaminada y está perdida.  Yo, por ejemplo, recuerdo que cuando era chico jugaba a las escondidas con mis amigos en la calle hasta las dos de la mañana. Dábamos la vuelta a la manzana, nos ocultabamos arriba de los árboles, hasta llegábamos a ir al parque a escondernos, en plena madrugada, lo cual hoy parece una locura total. Pero era así. La libertad era invaluable. La vida valía más que cualquier aparato tecnológico, que cualquier billete, pero lamenta...

El contrato

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  Tenía unos 19 años aproximadamente y me encontraba en ese hermoso limbo que algunos tenemos la suerte de transitar, ese espacio vacío entre el fin del colegio y el primer trabajo. "Año sabático" lo llaman algunos, "el vago no hizo nada durante un año" dicen otros un tanto más agresivos.  La rutina de esos días tenía al ocio como protagonista estelar. Las reuniones con amigos en el quincho de mi casa se repetían día tras día y yo jugaba al límite con la paciencia de mi mamá que era la líder de la casa.  Las noches en las que no había reuniones, el ocio se trasladaba a mi habitación, donde veía horas y horas de películas que mi hábil zapping enganchaba o testeaba infinidad de juegos en la play.  Pero una noche me pasó algo distinto. Algo rompió mi comodidad.  Serían las dos o tres de la mañana más o menos y decidí levantarme de la cama e ir a buscar un vaso de Coca a la cocina, ceremonia bastante común también en aquellos días. Pero cuando pasé por el li...

Entre bidones y alfileres

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Como olvidar aquel momento, aquel equipazo escolar que logró el milagro del sexto puesto. Como olvidar cuando estuve a treinta centímetros de la gloria eterna..  Nunca fui bueno para los deportes, no se que es, algo físico, mental, actitudinal, no se, fuí, soy y seré un mal deportista.  No hay problema real con ser malo en los deportes siempre y cuando uno no sea cabeza dura y quiera dedicarse si o si a eso, y hasta ahí iba todo bien. Yo no tenía ni la más mínima intención de ser futbolista. Pero sí había un problema grave, casi una jugada maestra de los genes: yo siempre fui extremadamente competitivo. Desde que tengo memoria me cuesta mucho perder. Recuerdo cuando muy niño inventar reglas absurdas para no caer en la derrota. Manipular burocrática y psíquicamente a mi rival era mi única oportunidad de ganar, y así lo hacía.  Pero claro, mi deporte preferido siempre fue el fútbol, y en el fútbol no hay muchos juegos mentales o burocráticos que te permitan ganar, más bien ...

El odio de mi vida

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Mi paso por el secundario fue bueno, realmente muy bueno, y no es poca cosa decir algo así, es que, para algunas personas, bastantes diría yo, esos años son muy feos. Bueno no es mi caso, porque sacando de lado alguna que otra travesura en la que quizás me excedí un poco, el resto creo haberlo hecho bien, al menos en la parte humana claro, la más importante supongo. No fui ni el bueno ni el malo, no era el que hacía bulling ni el que lo recibía. Tampoco era Robin Hood, porque a diferencia de él, a mi me querían por igual los buenos y los malos. Yo no busqué que eso pase, simplemente se dio, y yo se lo atribuyo sin ninguna duda a una sola cuestión y aquí todas las respuestas juntas: Yo era el gracioso. No es fácil cargar con la presión de ser el gracioso del curso, de verdad no lo es. Claro, al principio era espectacular, el momento en que descubrí que tenía facilidad para decir algo y que todos y todas se rieran, era una forma muy fácil de hacerme notar sin hacer nada malo, aunque ...

El dia que los angeles se enojaron

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 Voy a empezar, como debe ser, por lo más importante. Mi hermano y yo somos dos fanáticos enfermos, pero pacíficos de Chary García. Y digo pacíficos porque nunca fuimos parte de esas tantas personas que tienen anécdotas personales con él, quizas por vivir en el interior, o quizas porque somos tímidos, la cuestion es que tuvimos pocas oportunidades de tenerlo cara a cara, dos para ser mas precisos, pero fueron efímeras, nada loco. Por eso en esta oportunidad voy a contar una simple crónica de un recital. Pero no es cualquier recital, es el famoso Concierto Subacuático, quizás uno de los mejores shows de la historia. Corría el año 2009 y la recuperacion de Charly avanzaba lenta pero con paso firme, todos los dias googleabamos o prendiamos la tele para ver como estaba, para saber las novedades. Lo último que teníamos de "el nuevo Charly" era un show de unos pocos temas en Luján, donde se lo vió calmado pero contento.  Unas semanas después anuncian un show, no era cualquier show,...