Perdidos
Aaron Fernández Meijide era un tipo exitoso, no cabe duda, quizás sus métodos de negocio no eran del todo pulcros. Podemos decir que estaba algo sucio. En realidad, si profundizamos, era un ladrón de guante blanco. De hecho, en el ambiente se lo conocía como "la hiena". Astuto, perspicaz, manipulador, además hermoso. Cincuenta años llevados como un actor de Hollywood. Tenía esas miradas penetrantes del hombre que sabe que no va a perder, una sonrisa de revista y se vestía todos los días como si estuviese en un casamiento. Un mililitro de su perfume costaba lo mismo que el sueldo básico de un empleado de comercio. Aaron heredó la empresa láctea de su papá. Era un negocio mediano, unos veinte empleados, todos en blanco, los mismos de siempre, nada raro. Aaron se recibió de contador a sus 22 años y automáticamente empezó a trabajar en la empresa familiar. Cuatro años después convenció a su papá para que se retire y le deje el mando. En 10 años, Meijide Lácteos se transformó en...