El ave Fénix
El reino llevaba 556 jornadas nubladas y con lluvias. Ni un rayo de sol asomaba sus narices sobre los días y noches de aquel lugar. Cualquiera podía enloquecer con ese panorama, pero el rey Malvín no, él se regodeaba con la situación, amaba la calma y el orden que provoca la falta de luz, detestaba ver a la gente en las calles, aborrecía los gritos y las multitudes, bregaba por el silencio, la comodidad, la oscuridad. El rey se paseaba en su carruaje negro, tirado por seis caballos también negros como sombras guías. Sus secuaces caminaban a paso lento con los corceles alrededor del aparatoso carro. Malvín miraba a todos los habitantes hacer sus quehaceres diarios, buscaba con ambición ver los ojos tristes de sus súbditos aburridos y temerosos, le llenaba el alma saber que su reino no corría peligro, que nadie haría temblar su trono. La tristeza de su pueblo, era el alimento de su sangre. Al llegar al palacio, luego de cada ronda, Malvín se sentaba en su trono lúgubre, cerraba los ojos ...