La vaca que habló
La tarde se vistió de fiesta en la estancia de los Medina. El gordo, y sus asesores celebraban desde primeras horas del día. Habían comido un costillar a la estaca, y en la sobre mesa, el olor a habano importado y el ruido de los descorches espumosos, matizaban el ambiente. Por la puerta del quincho entró, con su rostro siempre triste y desganado, Ramón, uno de los peones de confianza del gordo Medina. Las risas y los gritos parecieron bajar de volumen lentamente al ver al desgarbado Ramón, parado en la entrada sin decir una palabra. -¡Estimado Ramón! ¿que lo trae por estas zonas de la estancia?- Medina, tomó la iniciativa para desarticular la peculiar situación. Ramón, con la vista siempre al piso y un tono casi susurrado exclamó: -Disculpe la interrupción señor patrón. No quería molestarlos, pero sucede una cuestión bastante importante con una de las vacas, y me pareció de carácter urgente informarlo. -Pero Ramón, acá estamos en una reunión sumamente importante ¿no pudo conside...