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Mostrando las entradas de mayo, 2021

Apocalipsis con WiFi

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 Un mes pasó ya...¡Un mes!.. aunque me parece una eternidad. En realidad un mes pasó desde el comienzo, desde que vieron ese primer zombi en Brasil, después tardaron dos semanas en llegar acá. Dos semanas encerrados, con miedo a salir y ser mordidos por esos seres espantosos. Lo único que hago en el día es dar vueltas por mi departamento, dormir y comer. Sólo nos dejan ir a comprar comida a la despensa más cercana y la verdad que tampoco me atrae la idea, en las calles no hay seguridad, cada quien se vale por si mismo, y yo no se si estoy capacitado para lidiar con un muerto vivo, aunque aún no vi a ninguno de cerca por suerte. Las pocas veces que salí a comprar comida fuí al almacen del viejo Don Luis, acá en la esquina de mi casa, por calle Caferata. Es bastante seguro ir de Don Luis ya que el simpático viejito se sube al techo del negocio con un arma que dice que le quedó de los años setenta y le dispara a cuanto zombi se arrime a la cuadra. Pero llegó el dia en que me sobrepasé...

Maradó

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  Desde que Diego nos dejó físicamente estuve buscando la manera de rendirle un homenaje. Primero pensé en hacer una canción, pero realmente hay tantas y son todas tan buenas que no me dió la cara para entrar ahí. Después pensé en hacer un dibujo o pintura, pero inmediatamente me acordé que lo único que sé dibujar es la casita con el techo dos aguas y la ventanita. Y me sale más o menos. Asi que pensé en un cuento, una historia, una anécdota, algo. Y no encontraba nada, hasta que hoy en la radio que escucho hace diez años todos los sabados a la mañana, pasaron la canción "Maradó" de Los Piojos, y ahí me acordé: yo tengo una anécdota hermosa con Diego, que incluye una bella época de rock y amigos, y a continuación se las voy a contar. Corría el año 2010 y en aquel momento las bandas tributo estaban muy de moda. Yo tenía 19 años y me habían convocado para tocar el teclado en una banda homenaje a Los Piojos: Babilonia. Yo los había visto como público tocando en vivo y me parecía...

Un día especial

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  Aquel iba a ser un día especial. Lo sentía. Había algo dentro mío que me lo decía. Una ansiedad incontrolable me desbordaba por todos los poros de la piel. Entré a mi casa a eso de las cinco, cinco y cuarto de la tarde, corriendo, como si estuviera en un programa de concursos contra reloj, aunque realmente nada ni nadie me apuraba. Lo primero que hice fue cerrar ventanas y persianas, pues aquel invierno había venido más duro que de costumbre y el viento era muy molesto. Aunque si soy sincero, la verdadera razón es que odio la luz del sol, que amo la oscuridad, que detesto despertarme, salir de la cama y ver esos malditos rayos de sol entrando por las aberturas olvidadas. Pero claro, socialmente está muy mal decir todo eso, así que mejor digo que era por el frío y listo. Mientras cerraba la última persiana que daba a la vereda de la calle, aproveché para encender la computadora que estaba en un escritorio bien al lado. La dejé cargando y me fui a la cocina a buscar algo para...