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Mostrando las entradas de julio, 2024

Los locos

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Después de la insistencia de muchos amigos, voy a contar esta historia. Quizás no es la que más me enorgullece, entiendo ahora con el tiempo que es muy probable que aquella versión joven de mí mismo haya cometido errores que hoy no repetiría. Sin embargo, he decidido por fin contarla tal cual fue, es la historia del día que me metí al loquero a pasar la noche. Y le voy a decir así, aunque esté mal, el concepto general de este cuento orbitará alrededor de “la locura”. A esa edad (19, 20) nada importa mucho, los límites se hacen difusos y todas las ideas, por más malas que sean, tienen como respuesta final “¿y por qué no?”. En aquellos años me gustaba salir mucho a un antro bien rockero, con el solo objetivo de emborracharme lo máximo posible cantando temas de Los Redondos hasta que me arda la garganta. Cada vez que salía del lugar, rondando las 5 de la mañana, caminaba vagando entre lo que quedaba de la ciudad. Siempre que hacía esa caminata, pasaba por el hospital psiquiátrico, un...

Volver al pasado

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Uno está tan acostumbrado a las publicidades de redes sociales que ya las pasa por alto. Pero ese día, no sé bien por qué, me detuve en una. No era llamativa, ni siquiera tenía imagen, era un fondo gris con letra imprenta en negro que decía "conozca el mundo de ayer, hoy". Yo no soy tan fanático de la historia, nunca fui muy de los museos, pero ese anuncio en particular me despertó algo. En ese momento estaba explorando nuevos desafíos artísticos, así qué me anoté la dirección y fui. Era en una de esas calles de la ciudad que no había visto nunca, ni siquiera me sonaba el nombre, puse el GPS del celular para llegar. Cuando llegué, realmente me sorprendí, el lugar era una casa ordinaria, bastante antigua y venida a menos, nada llamativo, ni siquiera un cartel, nada pintado, nadie haciendo fila, bien podría haber sido la casa de cualquiera de nuestros vecinos. En ese instante un poco dudé, no lo voy a negar ni me voy a hacer el valiente, no soy estúpido, sabía que todo ...

Los ojos de la serpiente

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   Quiénes me conocen saben que al hablar tengo una particularidad: me cuesta mucho mirar a los ojos. Muchas personas podrían fácilmente catalogar esta actitud como "falsa" o "cobarde", otros podrán pensar que es una reacción involuntaria, vergüenza o timidez. La realidad es que yo elijo el momento en el que miro a los ojos, y fundamentalmente elijo a quién miro a los ojos. Todo esto tiene una raíz, una historia que lo explica todo, incluye a un amor de mi infancia, amigos, vacaciones, y una serpiente. A continuación la voy a contar.  Tendría 12 años más o menos, por aquel entonces mi familia solía ir una vez al año (siempre en verano) a pasar un fin de semana a la casa de mi tía Juana, que vivía en las afueras de la ciudad. Tengo incontables recuerdos de aquellos viajes, íbamos desde que yo era bebé. Cada año mi relación con la tía Juana, mis parientes lejanos y esa casa del campo iba evolucionando, pasé por todas las etapas: temor, curiosidad, ansiedad, felici...