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Mostrando las entradas de julio, 2022

Cuatro historias sobre romances que no fueron

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  Desde tiempos inmemoriales, el ser humano está preso de una adicción de la cual no se puede liberar. Más allá del dolor que puede llegar a generar, a pesar de que algunos hasta han perdido amigos y familias a costa de esto, la siguen consumiendo en todos los extractos sociales y a todas las edades, posiblemente desde que se es consiente. Esa droga no es otra que: el romance. Distinto al amor, el romance, es aún más poderoso. Al amor inclusive hasta nos acostumbramos, se hace una rutina amar y ser amado, tanto así, que hasta dejamos de expresarlo en palabras. No obstante, el romance, es tan breve e intenso, que se hace imparable ante la razón y el corazón.  La televisión, las series, las películas, los libros y los mentirosos, nos cuentan todo el tiempo historias de romance perfectas, tan intensas que hasta a veces nos hacen piantar un lagrimón cuando se concretan. Sin embargo, en este cuento, repasaremos una seguidilla de pequeñas anécdotas románticas que salieron... no ...

No sos Bot, soy yo

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  Por fin, Patricio (Pato, para los cercanos) iba a amigarse con la idea del amor, el romance y la pareja. No más soledad, no más día de los enamorados comiendo helado sin nadie en la cama. No más promociones de 2x1 en el cine sin poder ser utilizadas. Pato, se decidió a intentarlo una vez más.  Veinte años habían pasado desde la última y única vez que Patricio se había enamorado de una persona. Esa mujer que lo marcó tanto, que le terminó dejando un callo en el corazón. Esa chica adolescente, sin preocupaciones, con la mirada perdida, con un olor natural mezcla de perfume y cigarrillo. Esa que se vestía como Janis Joplin, pensaba como Gloria Steinem y hablaba como la gata Varela.  Esa joven, fue la única que pudo lograr que Patricio se encontrara consigo mismo, gracias a ella, pudo sentirse libre, ser quien realmente quería ser. Por eso, nunca la pudo olvidar. Aquella relación desbordada de sexo, orgasmos, drogas y psicodelia, tuvo el final más esperado y doloroso:...

Fue mi culpa, lo admito

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  Teníamos unos 22 o 23 años. Salíamos de la hermosa estupidez de la secundaria y entrabamos en el quilombo de la vida real. Lo único que importaba era tener un mango en el bolsillo, algún romance y.… ese campeonato, ese maldito campeonato de fútbol del pueblo. Yo en esa época estaba impecable, poca panza, mucho pelo y demasiada energía. Corría y no me agitaba, el pucho todavía no generaba malestares corporales. Me sentía invencible. El equipo nuestro era bastante mediocre, no había demasiado talento. Teníamos una buena "columna vertebral" como se dice comúnmente en la jerga futbolera: el gordo nacho era un arqueraso, era grandote y tenía racimos de morcillas en las manos. El oveja y yo hacíamos una dupla central bastante decente, él era zurdo y rápido, tenía buen tiempo para salir a cortar a los costados, y yo era más bien aguerrido, luchador, prolijo en general. En el medio teníamos a Gonzalito, que a pesar de su figura retacona y a simple vista pesada, estaba en toda la ca...