Magia
Los espectáculos del mago Trigger eran extraordinarios, los trucos que hacía eran asombrosos. Es cierto que en esa época cualquier cosa nos asombraba. No había tecnología, ni efectos especiales, casi no había computadoras. De todos modos, era asombroso, la gente salía del teatro en silencio, así como habían presenciado todo el show. No comentaban nada, no tenían qué comentar. No había explicaciones, ni preguntas, mucho menos respuestas. Lo único que se oía en las tumultuosas calles del centro era: "lo del piano fue increíble " o algo similar.
El mago Trigger no tenía edad. Algunos decían que su aspecto era juvenil y otros tantos afirmaban que el mismo espectáculo había sido presenciado por sus padres. Así, casi sin quererlo, el mago se convirtió en leyenda.
La puesta en escena de Trigger era básica: en la esquina del escenario reposaba un viejo piano de cola, sin micrófonos ni cables. En el centro, una silla alta donde descansaba el mago, su delgada figura y su peculiar bigote tupido servían de perfecto reposo a la majestuosa galera negra.
El hombre realizaba trucos sencillos, lentos y precisos; una carta que aparece y desaparece ante los ojos del público, una paloma que se multiplica para luego ser dos. Un cubilete y un dado con seis caras distintas que caía siempre en el número que el mago decía. Y hasta el asombroso número de la mujer cortada al medio y reconstruida al instante. Sin embargo, todo aquello que ya resultaba inverosímil, quedaba diminuto al lado del truco final. En su último acto, Trigger le hacía una pregunta al público:
-¿Cuanto creen en la magia?
El hombre daba por sobreentendido que el total de la concurrencia creía en la magia, al menos en el fondo, si no ¿que sentido tendría ir a ver un espectáculo de magia?. Por eso la pregunta era si creían mucho o poco. En ese momento el público se quedaba en silencio, nadie se atrevía a responder. En medio de todo ese silencio, allá, en el fondo el piano comenzaba a tocar una música de jazz. Las teclas se apretaban solas y los martillos golpeaban las cuerdas con precisión. Con esa hermosa pieza de fondo, el mago decía;
-La magia existe, está frente a ustedes, quizás no sea hoy, quizás no sea mañana, pero algún día la van a comprender. Les estoy mostrando el truco, pero ustedes cometen un grave error, y por eso no lo pueden descifrar: están queriendo entenderlo- Las luces se atenuaban y el mago desaparecía de la escena junto con la coda del piano.
El público se mostraba tan asombrado que hasta el aplauso era tenue. Todas esas mentes estaban tan estimuladas que la energía no circulaba hasta sus manos. Nadie se animaba siquiera a enarbolar una teoría certera de lo que acababan de ver.
Trigger actuó durante años, siempre con la misma escenografía, siempre en el mismo teatro y siempre realizando los mismos trucos, con su estelar número final del piano. No solo los locales repetían la experiencia una y otra vez, si no que además se empezó a llenar de extranjeros que llegaban de todas partes del mundo queriendo ver el espectáculo. Tanta era la atracción, que el mago se dio el lujo de hacer todos sus shows sin micrófono ni amplificación. Trigger sabía que la atención era más grande que cualquier intruso sonido, aún involuntario.
Una noche de lluvia, la magia se volvió negra. En su segmento final, el mago hizo su clásica pregunta: "¿cuanto creen en la magia?". El piano empezó a sonar, pero esta vez, antes que Trigger pueda decir sus palabras finales, un hombre se paró en la platea y gritó:
-¡Nada! ¡Yo no creo en la magia!
El mago lo miró con desconfianza y le dijo:
-Pero ¿puede ver el truco?
El hombre se quedó en silencio y el mago sonrió. Dio su discurso final y se retiró bajo una incesante ovación.
Al llegar al camarín, Trigger se encontró con el revoltoso espectador. El extraño, sin mediar palabras le golpeó fuerte la cabeza con algo pesado y lo dejó inconsciente. Al despertar, el mago estaba en lo que parecía ser un sótano, atado y sentado en una silla. Frente a él, su captor:
-Vi este espectáculo durante quince años, todas las veces, gasté una fortuna de dinero, me senté en los mejores lugares, dediqué mi vida a encontrar la respuesta a ese truco del piano. Todos los demás los descifré y hasta los hago en mi casa, pero no el del piano. He esperado hasta que usted se iba y lo destapé, no había nada adentro, no había cables, no había espejos, no había un enano. Nada. Me carcome el cerebro. Y llegó el momento de ponerle fin a esto, usted nunca me lo iba a contar, por eso tuve que recurrir a esto. Dígame o lo mato.
-¿De verdad quiere saber?- preguntó Trigger en total calma. Ante el silencio del hombre, el mago dijo:
-Cientos de magos me han querido comprar este truco, y yo no se los vendí. No porque no quisiera, si no porque no puedo. Yo no tengo la capacidad de explicarle el truco, sin embargo puedo contarle una historia que quizás le ayude.
El captor abrió los ojos y se sentó en una silla frente al mago.
-Cuando yo era chico, muy chico, mi papá tocaba ese piano de cola que está en el escenario. Tocaba jazz, y era excelente. Yo me sentaba a mirarlo, quería entender como hacía esos acordes, esas melodías, esas escalas. Como diez dedos podían hacer sonar tantas notas al mismo tiempo y a esa velocidad. Papá repetía una y otra vez que el truco estaba a la vista, y era simplemente el arte. Ahí fue cuando empecé a hacer magia, cree mis propios trucos y los ejecuté en el piso frente al piano de papá. Él hacía algo que yo no podía comprender y yo busqué algo que el no pudiera. Bajo esa magia, ambos crecimos y vivimos. Hasta que el piano dejó de sonar. Antes de morir, mi papá me dijo "siempre voy a estar a tu lado, para que hagamos magia". Un día, sentado en mi estudio, hablando solo, dije la frase que hoy digo en mi show: "¿cuanto creen en la magia?". Y fue ahí que el piano empezó a sonar sin que nadie lo toque.
El captor parecía confundido, aunque con algo de evidente rabia, creyendo que el mago estaba jugando con él.
-Desde ese día, y cada vez que digo eso, el piano suena. No lo toco yo, no lo toca nadie, y tampoco se si lo toca mi viejo. Es magia. Sin embargo, el truco está ahí, frente a vos. Frente a todos. Es tan sencillo de ver, que se mantiene oculto ¿Por qué? Porque están mirando hacia donde no deben mirar.
El delincuente se mostró totalmente irascible. No dudó en tomar el tubo con el que había noqueado previamente al mago, pero antes de poder golpearlo, Trigger se desmayó en un sueño eterno.
Luego de aquella fatídica jornada, cada noche, en el mismo teatro donde Trigger hacía su show, se abrían las puertas para recibir a miles de personas. En el escenario, frente a los ojos de todo el mundo, flotaba una galera mientras un piano interpretaba jazz de fondo sin que nadie lo tocara. Algunos osados, aún se atreven a preguntar: ¿cual es el truco?

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