Siete vidas




La historia del gato Estrella comienza con un viaje, y termina con otro. El primero es terrenal, en un auto, con su familia humana, siendo aún un bebé, mudando sus primeros pasos desde la hostil ciudad hasta la paz de un pueblo junto al mar. El segundo viaje es espiritual y llevará a Estrella por un camino de aprendizajes y búsqueda interior.

Llegados a su nuevo hogar, Estrella tuvo sus primeros días de adaptación. Intentaba hallarse con los nuevos olores, sonidos e imágenes. Aunque el aprendizaje era lento, avanzaba, pero había algo que no lo dejaba dormir: el sonido del mar. Día y noche se preguntaba que sería aquello que emitía tal sonido, una mezcla de miedo y curiosidad. Por momentos lo escuchaba arrullador, por otros imponente ¿Sería tan inmenso como lo imaginaba? Tenía una sola forma de averiguarlo.

 

Una noche, mientras todos dormían, Estrella logró salir de su casa y fue corriendo directamente a la playa. Cuando vio el mar, abrió la boca tan grande como pudo, no entendía que era todo aquello, sus ojitos brillaban como el día en que nació. Quería saber más, conocerlo más de cerca. Con sumo cuidado se acercó a la orilla. Sus patitas tocaron la espuma y Estrella sonrió. Avanzó un poquito más, feliz de ser parte de aquel ruido que tanto deseaba conocer. Pero de un momento a otro, el agua se levantó frente a él como un gigante transparente y lo envolvió por completo. En cuestión de segundos Estrella se encontró en el medio de la inmensidad del mar y la noche. Cerró fuerte los ojos y aguantó el aire.

 

Al abrirlos, estaba en la playa otra vez, el sol brillaba y su cuerpo estaba completamente seco. Una voz grave y profunda apareció a su lado:

 

-¿Primera vez?

 

Junto a Estrella estaba sentado un majestuoso león adulto. El pequeño gato no comprendía que estaba pasando.

 

-Vos sos un…

 

-Esa no es la pregunta, Estrella- interrumpió el león, mientras miraba el horizonte.

 

El gatito pensó un poco. Miraba el mar igual que el león.

 

-¿Primera vez de qué?- preguntó.

 

-Esa es la pregunta correcta. Delante de ti en la arena hay siete círculos dibujados.

 

Estrella los miró con atención mientras su acompañante se acercaba. Una vez frente a los círculos, el león con su pata borró uno de ellos, miró al gatito y le dijo:

 

-El agua es peligrosa, más aún el mar. Te quedan seis vidas- luego se volvió a sentar mirando el mar.

 

-¡Seis vidas!- gritó Estrella- ¡No puede ser! ¡Tengo que apresurarme para volver con mi familia!

 

Corrió nuevamente al pueblo mientras por dentro se castigaba por haber perdido estúpidamente una vida. Pero algo le pasó; miró a su alrededor y no reconocía las calles ni las casas, el viento incluso soplaba distinto. Asustado, dio dos pasos hacia atrás y se chocó con alguien, era el león.

 

-¿Qué me pasa señor León? No comprendo- dijo algo agitado

 

-Estás perdido querido amigo. Te desorientaste y no sabes donde estás.

 

-¿Y que tengo que hacer? ¿Usted me puede ayudar? ¿Puede decirme donde está mi familia?

 

-No, esas no son las preguntas correctas. No estoy para eso, aunque sí para guiarte.

 

Estrella pensó un poco mientras movía la cabeza para todos lados. Empezó a correr por el pueblo hasta que llegó a la ruta.

 

-¡Este camino lo recuerdo! ¡Vinimos por ahí! Tengo que correr en esa dirección y volveré a casa.

 

Así lo hizo. Corrió y corrió. En un momento, un ruido enorme se le vino encima junto con dos luces que lo encandilaron. Estrella cerró fuerte los ojos y sostuvo la respiración. Despertó en la playa. Junto a él estaba el león.

 

-Las calles son peligrosas, Estrella, los autos y camiones pueden hacernos daño. Es un lugar al que no debemos ir- dijo mientras con la pata borraba otro de los círculos.

 

-No puede ser, perdí otra vida- dijo el gato.

 

El león se volvió a sentar mirando el mar a la espera de un nuevo movimiento de su amigo. Estrella entonces pensó: “debo ir a un lugar alto, tan alto que pueda ver a todos, allí podré encontrar a mi familia".

 

Trepó un árbol enorme hasta la copa y allí se apostó a mirar el pueblo. La vista era realmente preciosa, pero el gato no llegaba a ver las caras de las personas. Decidió entonces bajar, pero se dio cuenta que no sabía como. abajo, estaba el león.

 

-¡Señor León! Por favor ¿Me ayuda a bajar?

 

-¡Lo siento, Estrella! ¡Esa no es la pregunta correcta! ¡No puedo ayudarte en esto!

 

El gato aguantó todo lo que pudo, hasta que el hambre y el miedo lo hicieron tomar la decisión de saltar. Mientras caía, cerró fuerte los ojos y aguantó la respiración. Despertó otra vez en la playa con el león borrando otro círculo.

 

-No es novedad que los felinos somos buenos escalando y trepando, sin embargo, las alturas requieren respeto, no podemos jugar a ser monos. Sos un gato.

 

Estrella tuvo su primera crisis real, cuando se dio cuenta que sólo le quedaban cuatro vidas para disfrutar con su familia. Entonces tomó la decisión de buscar de la manera más convencional a sus dueños: yendo a maullar puerta por puerta hasta que aparezcan. El león lo acompañó en su caminata, conversaron un poco.

 

-Me quedó pendiente la pregunta que tuve al conocernos. Es usted un león, evidentemente. Pero ¿los leones no viven en otro lado?

 

-Soy un león ahora, en este plano y en este momento. Y si, los leones efectivamente viven en la sabana si tienen una vida normal.

 

-¿Y la gente que pasa a nuestro lado no le teme?

 

-No pueden verme, solamente vos podes – dijo el león con la mirada siempre al frente.

 

Estrella intentó vagamente comprender aquella idea, pero no se detuvo demasiado tiempo, prefirió empezar su recorrido de maullidos, con toda la esperanza de encontrar finalmente a su familia. Posó en todas las puertas y maulló con todas sus fuerzas, pero nadie salió. Se había pasado un día entero recorriendo y aún faltaban muchas más, su andar se hacía lento y el camino que restaba era muy extenso. Además ya empezaba a tener un hambre feroz. En un momento, por fin, un humano se acercó, no era su familia, pero al menos parecía traer una ofrenda de algo que parecía ser carne. “Tanto maullido dio sus frutos” pensó el gato.

 

-¿Querés? Te puedo compartir- le preguntó a su amigo león.

 

-No- respondió fríamente.

 

Después de un rato de haber saciado su apetito, Estrella comenzó a sentir un fuerte dolor de panza, se incrementó cada vez más. No tuvo más remedio que cerrar fuerte los ojos y aguantar la respiración. Despertó en la playa con el león borrando otro círculo.

 

-Los humanos pueden ser nuestros mejores amigos, nuestros compañeros y nuestra familia, pero así mismo, son el animal más cruel que habita el planeta. Nunca hay que comer ni beber de algo que te de un humano que no conoces.

 

El gato empezaba a resignarse y a perder esperanzas. Sin embargo volvió a caminar por el pueblo. Repetía una y otra vez “no puedo creer que ya solamente me queden tres vidas para vivir con mi familia” y por primera vez agregó “si es que los encuentro”

 

En un callejón se encontró con unos perros que lucían como él. Se le vinieron encima, Estrella pensó “si derroto a estos perros seré leyenda, mi nombre correrá por las calles y esa historia llegará a oídos de mi familia, así vendran por mí. Casi no pudo terminar la frase antes de cerrar los ojos y aguantar fuerte la respiración.

 

De nuevo en la playa el león borraba el quinto círculo.

 

-Me dijiste que el humano es el animal más cruel de la tierra. Me mentiste.

 

-Eso no es así, dije que eran el animal más cruel, no el más peligroso. Nunca hay que acercarse a otra raza fuera de nuestro hogar. Es la ley número 1 de los felinos.

 

El león esperó mirando el mar que Estrella reaccionara con un nuevo movimiento, pero eso no ocurrió, el gato se quedó simplemente acostado. Pasaron horas, pasaron días, y Estrella no se movió, se quedó bajo el sol, pensando en que ya solo le quedaban dos vidas y no se iba a reencontrar con su familia. Al tercer día sin comer ni beber, Estrella cerró fuerte los ojos, aguantó la respiración y se volvió a despertar en el mismo lugar. El león estaba borrando el penúltimo círculo.

 

-¿Querés intentarlo una vez más?

 

El gato parecía resignado, haciendo oído sordo a la pregunta de su compañero.

 

-Me queda una sola vida. La viviré sin pensar demasiado. Busquemos algo para comer- dijo.

 

Antes de ir al pueblo, Estrella se acercó un poco a la orilla y tocó la espuma con la pata en forma de despedida. Cruzó la calle y llegó hasta la puerta de una casa, una persona salió, él corrió, la esquivó y fue directo a la basura. Ahí comió lo que encontró.

 

-¿Por qué comes de la basura?- preguntó el león.

 

-¿Dónde voy a comer? Los humanos pueden envenenarme, los lugares donde sirven comida están llenos de perros. Me la voy a rebuscar en la basura.

 

El león entonces preguntó:

 

-¿Estás triste?

 

-Si. Me duele haber perdido todas mis vidas sin estar con mi familia- se detuvo un segundo a pensar – aunque…

 

-¿Aunque…?- preguntó el león con una mueca de sonrisa.

 

-Que lo pienso bien, y en realidad ¿Cuántas vidas necesito para ser feliz mientras esté con ellos?

 

El león sonrió del todo:

 

-Esa, querido amigo, es la pregunta correcta.

 

Estrella sintió que alguien lo levantaba y se lo llevaba alzado. Cerró los ojos. Pero al abrirlos no estaba en la playa, estaba en su casa. Su familia humana lloraba de emoción, y recibía todas las caricias posibles. Se sintió repleto de amor.

 

Miró por la ventana y vio al león en la playa. Esfumándose entre la bruma del mar. Mientras ambos sonreían.


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