Volver al pasado
Uno está tan acostumbrado a las publicidades de redes sociales que ya las
pasa por alto. Pero ese día, no sé bien por qué, me detuve en una. No era
llamativa, ni siquiera tenía imagen, era un fondo gris con letra imprenta en
negro que decía "conozca el mundo de ayer, hoy". Yo no soy tan
fanático de la historia, nunca fui muy de los museos, pero ese anuncio en
particular me despertó algo. En ese momento estaba explorando nuevos desafíos
artísticos, así qué me anoté la dirección y fui.
Era en una de esas calles de la ciudad que no había visto nunca, ni siquiera
me sonaba el nombre, puse el GPS del celular para llegar. Cuando llegué,
realmente me sorprendí, el lugar era una casa ordinaria, bastante antigua y
venida a menos, nada llamativo, ni siquiera un cartel, nada pintado, nadie
haciendo fila, bien podría haber sido la casa de cualquiera de nuestros
vecinos.
En ese instante un poco dudé, no lo voy a negar ni me voy a hacer el
valiente, no soy estúpido, sabía que todo era muy raro, pero ya estaba ahí, me
había tomado dos colectivos para llegar a ese triángulo de las Bermudas
suburbano, y no me iba a quedar con las ganas de saber de que se trataba todo
aquello. Había un timbre, ordinario, más bien un portero, esos blancos con el
botón transparente, lo apreté. Me atendió una voz muy monótona, con bajo
volumen, un tanto susurrada:
-¿Si?- preguntó
-Hola, yo vi la publicidad de conocer el mundo de ayer, quizás me hicieron
una joda, pero...- sonó la chicharra que indicaba que abra la puerta para
ingresar. Ya no tenía tanto para perder, abrí y entré.
La casa por dentro era aún más ordinaria que por fuera, parecía la casa de
cualquier abuelo, con fotos viejas en porta retratos de mal gusto, adornos
incomprensibles, muebles viejos de madera y bronce, piso de parquet y el olor característico
al perfume ese que es como un cilindro lleno de relieves. Entré por una especie
de pasillo que desembocaba en un living amplio con sillones de pana.
Proveniente de la habitación continua se escuchó otra vez la voz: -Por aquí,
pase-
Me acerqué con algo de prudencia, mirando hacia los costados, en esta nueva
habitación solo había una puerta enorme de hierro, como un ascensor, me quedé
parado mirándola y después de unos segundos, se abrió. Adentro había un viejo
con pelo canoso engominado hacia atrás, muy alto y pálido como fantasma polaco.
Vestía un smoking muy elegante. El hombre parecía casi petrificado, tenía en la
mano una palanca, igual que la de los ascensores antiguos. Miraba un punto fijo
sin pestañar. Así, sin mover un músculo, se presentó:
-Buenos días, mi nombre es Marvin, seré su guía en el tiempo. Le explicaré
brevemente las reglas, usted solo debe decir que día y a que hora de la
historia desea viajar, al llegar a destino se le entregará un cronometro con
una cuenta regresiva desde 24. No puede permanecer más de un día o el ascensor
abandonará el momento y usted quedará atrapado en otro tiempo. También se le
entregará una brújula que posee una flecha que apunta siempre en dirección a la
ubicación del ascensor, así le será fácil encontrarla- luego de un pequeño
silencio agregó -el viaje no se recomienda en personas embarazadas o con
problemas cardíacos ¿alguna pregunta?
Yo me quedé con la boca abierta, me reí por supuesto, me reí fuerte,
esperando que el hombre abandonara su papel en esta espectacular broma y me
siguiera. Pero eso no ocurrió, Marvin parecía hecho de cera. Seguía sin
mirarme, palanca en mano, a la espera de que yo dijera algo más. Hice silencio.
-¿Donde quiere viajar, señor?- insistió el misterioso hombre.
-Bueno, bueno, a ver, supongamos que esto es verdad y que no es una broma
extraordinaria que me están haciendo mis amigos. Quiero ir a ver el recital de
Queen en Wembley en el año 86.
-Señor, debe decirme ubicación, año y hora exacta.
Yo, fanático, le dije -Wembley, Inglaterra, 12 de julio de 1986, pongámosle
a las... diez de la mañana-
El hombre repitió en voz alta exactamente lo que yo había dicho, tocó un
botón rojo y accionó la palanca. La puerta se cerró y el ascensor comenzó a
vibrar, hizo un ruido muy fuerte como el de los cohetes despegando. Intenté
tomarme de las paredes pero el movimiento era muy abrupto, me caí al piso, me
puse en posición fetal, la confusión era total. Después de unos treinta
segundos se detuvo, el hombre soltó la palanca, volvió a apretar el botón y la
puerta se abrió. Del otro lado parecía estar exactamente la misma casa vieja.
Mi primera reacción fue de total enfado, me parecía que la broma había llegado
muy lejos, pero antes de salir corriendo del lugar, Marvin me extendió la
brújula y el reloj:
-Nos vemos en este mismo lugar antes de que el reloj llegue a cero, que
tenga un buen viaje- dijo, y la puerta se cerró estando yo del lado de afuera.
Salí de la casa casa casi riéndome a carcajadas, el enojo había pasado a la etapa
de aceptación, pero la sonrisa se me borró de un plumazo cuando abrí la y me encontré con un paisaje totalmente ajeno a mí, era un lugar en
el que nunca había estado. No era mi ciudad, ni mucho menos la calle por la
cual había entrado a la casa. Pasó un hombre con sobretodo, le dije: -disculpe
¿que calle es esta?- pero casi sin detenerse me respondió: -excuse me, i dont
speak spanish-
Ah la mierda, pensé en vos baja. Estoy en Inglaterra. La gente estaba
vestida muy rara, el aire era distinto, los arboles parecían más bajitos, todo
era muy ajeno. Los autos lucían antiguos, fue lo primero que me dio la pauta de
que realmente estaba en 1986. Sonreí genuinamente por primera vez, luego sería
momento de analizar la maquina del tiempo. No podía quedarme ahí parado, caminé
unas cuadras mirando lo increíble del lugar, en un momento estuve a punto de
sacar el celular para tomar una foto, pero me di cuenta que eso me traería
problemas y situaciones difíciles de explicar, más aún en otro idioma.
Luego de un rato de caminar sin rumbo me crucé con una parejita joven con
remeras de Queen, en mi pobre inglés les pregunté donde quedaba el estadio, me
indicaron, algo les entendí, tuve que preguntar apenas tres veces más en el
camino, pero llegué. Me impactó también que el estadio era el antiguo Wembley,
yo lo recordaba de otra manera. Había gente por todos lados dando vueltas,
mucho alcohol y euforia, y yo sin plata, pero con una ventaja... yo soy
argentino.
No tardé demasiado en hacerme amigo de un grupito, caerles muy bien y beber
gratis durante bastante tiempo. Otro problema surgió, la entrada ¿como iba a
ingresar al show sin ticket? La respuesta fue la misma, soy argentino. En medio
de un tumulto de confusión salté una valla, corrí y entré al campo. Llegué
hasta adelante de todo, lo más cerca posible del escenario. Ahí no aguanté más
y me puse a llorar como un nene cuando entendí que iba a ver a Freddie Mercury
de cerca y cantando en vivo.
Al lado mío había unos borrachos discutiendo con que tema empezaba el show.
Yo les dije "One vision", se rieron y se burlaron, vi mi oportunidad
y les dije que les apostaba 100 libras esterlinas a que empezaban con esa
canción. Aceptaron mientras se reían a carcajadas. Bajaron las luces pero
todavía era de día, arrancó la banda, salieron Brian, Jonh, Roger y el
maravilloso Freddie al escenario. Por supuesto el tema era One vision, escuché
ese recital seiscientas veces. Cobré mis 100 libras.
El recital fue inexplicable, pasaron todos los hits, canté Love of my life a
los gritos, lloré en Bohemian Rhapsody y terminé abrazado a una dama en We are
the champions. Me llevé en la retina el más maravilloso Freddie vestido de
reina saludando a Wembley rendido a sus pies. Miré el reloj y aún faltaban como
diez horas para volver a la maquina. Así qué aproveché el tiempo para quemar
mis 100 libras esterlinas en un pub y conocer mucha gente hermosa. Me fui de
aquel lugar gritando en un perfecto español incomprensible para ellos:
"devuelvan las Malvinas, piratas".
Volví siguiendo la brújula medio en pedo, encontré la casa y entré, llegué
al ascensor y se abrió. Adentro estaba Marvin en la misma posición y con la
misma expresión. Me abalancé para darle un abrazo pero el hombre no se inmutó.
Antes que le pueda contar algo movió la palanca y volvimos al inicio. Antes de
irme le pregunté si podía volver, y me dijo que cuando lo desee, pero que no le
cuente a nadie, sólo yo tenía la invitación.
Estuve varios días pensando, podía presenciar cualquier evento histórico de
la humanidad. Todo conducía a un mismo lugar, ver al Diego jugando. El gol a
los ingleses lo vi un millón de veces en videos, así qué preferí asistir a la
final con Alemania, para ver al pelusa levantando la copa.
Llegué al ascensor, ya me había estudiado todo, le dije a Marvin: -Coayacán,
ciudad de México, 29 de junio de 1986, 6 am- apretó el botón, accionó la
palanca y viajamos. Antes de bajarme del ascensor le pregunté si él no se
bajaba, me respondió:
-Yo soy el guardián de la maquina. Solo traslado a la gente, la puerta
solamente se abre desde adentro, tengo que procurar dejarla cerrada para que
nadie viaje sin mi permiso, es mi única labor- Me fui entusiasmado al estadio
Azteca, sin darle demasiada importancia a lo que Marvin me decía. No me quería
detener a pensar la lógica de todo esto.
La jornada fue parecida a la de Wembley, usé recursos clásicos para ingresar
sin entrada, le aposté a unos alemanes que les ganábamos 3 a 2 sobre la hora
con gol de Burruchaga y vi al Diego levantando la copa del mundo. Lloré
nuevamente como una criatura, y volví ebrio con las cervezas que me tomé con la
plata de los alemanes. No sé si fue la borrachera o una sensación, pero me
pareció que casi le saco una sonrisa a Marvin.
Volvimos al presente y yo estaba muy entusiasmado, le pregunté si podíamos
viajar de nuevo ahora mismo, y me dijo que si. Me puse a pensar rápido. Jesús,
Einstein, Los Beatles, la caída del muro, llegada del hombre a la luna. Pero
primero lo primero, vi a Lio en 2022, al Diego en 1986, había que completar la
trilogía. Entré rápido al ascensor, busqué en mi celular y le dije: -25
de junio de 1978, Buenos Aires, Argentina, 10 am- accionó la palanca, cerró la
puerta y viajamos.
Salí del ascensor completamente feliz con mi brújula y mi cronometro,
conociendo el proceso como un profesional y pensando en todo lo demás que iba a
ver. Abrí la puerta y me encontré enfrente de la casa un Ford Falcon verde
estacionado con dos tipos de gafas adentro. Fue ahí que dije para mi mismo
"que boludo, me había olvidado de un pequeño detalle". Había que
cuidarse un poco más, ver el partido sin llamar mucho la atención y volver al
ascensor sin bares, alcoholes ni apuestas. Vi el partido, quedé maravillado con
el matador Kempes. Que equipazo, que huevos. Vi medio de reojo como Videla le
daba la copa a Pasarella y me fui.
Llegando al ascensor pude identificar que uno de los Falcon me seguía de
cerca, apreté el paso, el auto aceleró y se me cruzó enfrente subiendo a la
vereda. Se me paró el corazón. Se bajaron 3 tipos de civil:
-Documentos por favor ¿que hace por acá?
En ese momento se me pasaron mil cosas por la cabeza. No tenía ninguna forma
de explicar nada, ni siquiera podía mostrar el documento, todo era terror. Miré
por detrás de uno de los oficiales y vi que la casa donde estaba el ascensor
estaba en la otra cuadra. Respiré profundo y corrí a toda velocidad.
Los tipos se subieron al auto y vinieron detrás. Entré a la casa rápido y
fui al ascensor, los hombres entraron también, Marvin salió de la maquina y
abrió los brazos protegiendo su tesoro. Los hombres sacaron sus armas y
dispararon, hirieron a Marvin en una pierna, yo entré corriendo y sin pensarlo
accioné la palanca, dejando al protector fuera y lo que es aún peor, dejando la
puerta abierta en 1978.
Volví al presente con el corazón en la boca, no estaba Marvin, no sabía que
hacer. Salí a la calle y me quedé respirando profundo. Un auto se detuvo frente
a mi y bajó un hombre de traje y sombrero:
-¿Señor... McFly? No, perdón eso está tachado. Bueno, no importa, traigo una
carta para usted. Espero sea de utilidad, esta carta está en mano de varias
personas desde 1978- se subió al auto y se fue. La abrí y la leí.
"Querido usuario, como sabrá, las cosas se complicaron y perdimos el
control de la maquina. Estoy preso en una especie de celda clandestina y todos
los días me torturan para que les cuente quien soy y que hago, no sé cuanto más
podré soportar, escribiré esta carta y se la daré a mi compañero de celda que
tiene más apariencia de poder salvarse, para que la pasen de mano en mano y
esperar que llegue a esa dirección en ese día. Todo esto es para decirle que la
puerta quedó abierta en 1978. No podremos frenar la cantidad de gente que se
dirija desde aquí al 2024. Ojalá esto lo ayude a usted a entender por qué su
presente se ha alterado de forma casi ridícula, es culpa del pasado, repitiéndose
en el futuro. Ojalá no lo padezcan tanto, saludos, Marvin".

Es muy bueno!!!
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