El guardián de nuestros corazones


Tantas veces hemos escuchado en estos días que el desenlace del mundial no lo pudo haber imaginado ni el mejor escritor del mundo. Creo que es cierto, entonces me pregunté ¿me animo a escribir un cuento? ¿Se puede superar la realidad? La respuesta claramente es no. Sin embargo no sé hacer otra cosa, y no puedo dejar de expresar tanto amor. 

Mil cosas se me ocurren, y seguramente las escriba, pero tenía que empezar por algún lado, y hay una imagen que no me puedo sacar de la cabeza, hay una escena de esta película que es la mejor de todos los tiempos. La salvada del último segundo del partido de nuestro amado protector Emiliano Martínez. 

Pero ya vamos a llegar a esa escena épica, antes me gustaría ir para atrás, al comienzo de la obra. Y no me refiero al primer partido del mundial, quiero ir más atrás, digamos que a la precuela. Ese partido que si mal no recuerdo fue con Chile por eliminatorias, el debut de Martínez en el arco argentino. Quizás la mayoría no se acuerde, pero ese día los mensajes se repetían: "che, pinta bueno este", "¿dónde ataja este que tiene pinta de arqueraso?". Tiene pinta, eso decíamos, lo veíamos y algo nos conquistaba, aún sin atajar demasiado, incluso sin gritar ni bailar ni nada de lo que nos terminó enamorando más tarde. Emiliano tenía un aura especial, una luz, algo lo iluminaba como el arquero que iba a defender nuestros colores, y nuestros corazones.

Partido a partido, el tipo se fue comprando a una hinchada para nada fácil. En la copa América nos mostró su argentinidad absoluta, pasó de ser el muchachito que tenía pinta de arquero a la bestia. Los chicos en los patios de los colegios empezaron a gritar su nombre al atajar alguna lata abollada que oficiaba de pelota improvisada. 

Se consagró campeón de América y campeón de la gente. En un año se ganó la aceptación y el amor del pueblo. Hasta esos hombres con micrófono y cámara que decían que Argentina no podía tener un desconocido en el arco lo empezaron a querer. Pero el tipo no se conformó, vino a enseñarnos muchas cosas, entre esas cosas, la ambición. Pero la ambición linda, la de la gloria, la que parece imposible. Emiliano quería ser el protagonista de la película más linda de todas, y el director le regaló la escena perfecta, el rol del héroe, la historia lo convirtió en leyenda.

La final del infarto. Supongo que, con el tiempo, el último partido del mundial de Qatar 2022 será recordado así. El mejor de la historia quizás, al menos para quien lo vio desde afuera. Yo por mi parte lo vi llorando desde el inicio hasta el final, sentía que no podía contener absolutamente nada, en todos los minutos del partido pasaba algo, y yo estaba completamente permeable.

Partido 3 a 3, último segundo del partido, el reloj marca tiempo cumplido. Yo estoy parado al lado del televisor (que está en volumen 63 porque así tenía que estar). No quiero parecer un cagón, entonces por lo bajo digo "ya está, terminalo y vamos a los penales". Un francés le pega para arriba desde la mitad de la cancha, espero el silbato cuando la pelota está en el aire, pero el sonido no llega, y la pelota cae como un misil adentro del área, pica, el último defensor de campo argentino falla, y la pelota le queda servida, picando y sin marca al hombre francés. Todos los que estaban conmigo cerraron los ojos, yo no, yo lo vi salir a Martínez y sentí que tapaba todo el arco, las palabras no me salieron, pero mi boca se movió diciendo "dibu". Se pararon 45 millones de corazones en un segundo. Emiliano Martínez los sostuvo con sus manos, porque las piernas las tenía ocupadas, salvando la pelota más importante de la historia. 

Se gritó más fuerte que los goles, nos abrazamos, el partido terminó un segundo después y fuimos a los penales. Literalmente si esa pelota entraba, Argentina no llegaba a sacar del medio, salíamos segundos.

En los penales ya ni siquiera era confiar en Emiliano, era esperar que haga lo que sabíamos que iba a hacer. Todos sabíamos que uno al menos iba a atajar. Tanto así, que dicen que el técnico de Francia les dijo a sus jugadores que no lo miren a los ojos para patear los penales. Cuando escuché eso me acordé del mito de la medusa, esa mujer con cabello de serpiente que al mirarla a los ojos te convertía en piedra. Eso hizo Martínez, convirtió a los rivales en piedra, hizo que cada muslo fuera una roca de una tonelada, se los comió...

Pasada la algarabía pensé en tatuarme algo que represente este mundial tan hermoso. Por supuesto que lo primero que pensé es en la copa, en Messi. Pero después se me vino una analogía barata a la cabeza: Una persona se gana la lotería y te dona toda su fortuna. Otra persona te salva la vida. ¿A cuál de los dos te tatuas? Claramente al que te salva y te permite soñar con lo demás. 

No le voy a quitar méritos al resto, por supuesto. De hecho, tengo decenas de cuentos y reflexiones en la cabeza que aún tengo que plasmar. Intentaré hablar de todos. Pero quería empezar por acá, por donde me dice el corazón, por esa escena que no me puedo sacar de la cabeza. Por ese soldado, que le puso el cuerpo a una bomba que hubiera detonado injustamente en un país que no la merecía. 

Gracias Emiliano, serás leyenda, serás bandera, serás tatuaje, serás miles y miles de remeras en todos los pibes y pibas. Yo por mi parte, ya me imagino de viejo, diciendo en cada gol que nos hagan: "esa el dibu te la sacaba".

 

 


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