No sos Bot, soy yo
Por fin,
Patricio (Pato, para los cercanos) iba a amigarse con la idea del amor, el
romance y la pareja. No más soledad, no más día de los enamorados comiendo
helado sin nadie en la cama. No más promociones de 2x1 en el cine sin poder ser
utilizadas. Pato, se decidió a intentarlo una vez más.
Veinte años habían pasado desde la última y única vez que Patricio se había
enamorado de una persona. Esa mujer que lo marcó tanto, que le terminó dejando
un callo en el corazón. Esa chica adolescente, sin preocupaciones, con la
mirada perdida, con un olor natural mezcla de perfume y cigarrillo. Esa que se
vestía como Janis Joplin, pensaba como Gloria Steinem y hablaba como la gata
Varela.
Esa joven, fue la única que pudo lograr que Patricio se encontrara consigo
mismo, gracias a ella, pudo sentirse libre, ser quien realmente quería ser. Por
eso, nunca la pudo olvidar.
Aquella relación desbordada de sexo, orgasmos, drogas y psicodelia, tuvo el
final más esperado y doloroso: un buen día, patricio vio como su princesa
hippie caminaba de la mano con otro hombre, uno bastante más grande que él. El
espíritu libre de Patricio, tenía un techo, y el de ella no.
Pero todo ese dolor, y resentimiento por las mujeres y el amor estaban a
punto de quedar en el olvido. Esta vez no podía fallar. El avance de la
tecnología y la ciencia, habían traído a la vida de Pato, la solución perfecta
para su soledad: el Love4ever Bot 3000.
Creado por Mark Zuckerberg, el Love4ever Bot 3000, es una construcción de
tejido humano, pero con inteligencia artificial, una especie de robot humano, o
persona computadora.
Al comprar el Bot, Patricio accedió a que, por un periodo de dos meses, esa
inteligencia artificial se conectara con todas sus redes sociales, para hacer
un estudio 100% preciso de su personalidad. Al completar ese tiempo, llegaría a
su domicilio la caja con el Bot dentro, y con solo encenderlo, tendría amor de
por vida garantizado.
Y ese día por fin llegó. Un 21 de septiembre, junto con la primavera, la
estación del amor y el romance.
Sonó el timbre y Patricio corrió desesperado a recibir su Bot. Menudo
impacto fue abrir la caja y encontrarse con semejante belleza. El Bot, aún sin
funcionar, presentaba un físico perfecto para Pato, todo lo que siempre había
querido en una mujer: de piel blanca, muy pálida, pelo castaño claro, algo
enmarañado y largo, ojos color avellana y nariz puntiaguda, un poco grande,
pero haciendo de su rostro una belleza algo exótica.
Pato, sin dudarlo, y urgido de cariño, apretó la tecla de encendido, y su
compañera cobró vida. Apenas abrió los ojos, tomó el rostro de Patricio con
ambas manos, y sin mediar palabra le estampó un beso de película.
Tras unos largos minutos de apasionado enredo de lenguas, por fin se
soltaron y se miraron a los ojos. Pato no podía creer cuan real era todo. La
temperatura de los labios recién besados, su mirada, su piel, el movimiento del
tórax inflándose producto de la agitada respiración derivada del fogoso beso.
En ese momento, Pato se sintió cómodo, confortable, amado.
Las primeras charlas con su nueva compañera fueron profundas y
apasionantes. Filosofaron por horas, completamente de acuerdo en todo. Cada uno
escuchando al otro, aprendiendo, cultivándose, sin grietas. Mismos gustos
musicales, mismas series y películas preferidas, mismo color político, mismo
equipo de fútbol. En todo iban de la mano.
Patricio, llegaba todos los días de su aburrida jornada laboral de oficina
y ella lo esperaba con distintas y variadas meriendas, le preguntaba como había
sido su día, lo escuchaba y para completar la jornada, hacían el amor con toda
la química del mundo. Los días de Pato, habían cambiado por completo, y su
felicidad se había incrementado notablemente.
Un día, Pato, preso de aquel dolor de su adolescencia, le transmitió a su
nueva compañera que tenía miedo de perderla, o que ella no lo ame más. El Bot,
le confirmó que eso era imposible, que ella estaba programada sólo para amarlo
a él, para hacerlo feliz e ir modificando actitudes conforme sus necesidades.
Que la única forma de no estar más juntos era si él se lo pedía.
Los miedos del empedernido enamorado fueron desapareciendo de manera
inversamente proporcional a como fue aumentando su aburrimiento. Tanto creció,
que hasta empezó a provocarse sus propios problemas de pareja: un día, se pintó
con lápiz labial el cuello, para forzar una escena de celos. El Bot no
entendió, y cuando llegó, lo limpió con una servilleta y una sonrisa de oreja a
oreja. Tiempo después, renunció a su trabajo, para intentar que su compañera se
sienta preocupada y le exigiera que busque algo. Pero esto tampoco sucedió, y
de hecho el Bot se ofreció a salir a conseguir dinero mientras él descansaba.
Los amigos y familiares de Patricio, comenzaron a perderle el rastro. Poco
a poco se fue recluyendo cada vez más en la comodidad y el calor de su hogar y
su pareja perfecta. Hasta que no lo vieron más.
Cinco años completos pasó Patricio casi sin salir de su hogar, viviendo
sólo para su amada Bot. Hasta que un día decidió terminar con esa locura. Se
afeitó, se cortó el pelo, se volvió a perfumar, y le mandó un mensaje a su
compañera que estaba trabajando: "Necesito hablar con vos, te espero en el
bar de Borzato cuando salgas del trabajo".
Allí la esperó, sentado tomando un café, a punto de tomar la decisión más
importante de su vida. Ella llegó radiante como siempre, con su sonrisa
descomunal que hacía voltear a cuanto humano la viese pasar. Se dispuso a
besarlo, pero él la frenó. Le pidió que se siente y arrancó el discurso del
dolor:
-Mirá, no sé bien como hacer esto, porque la verdad es que la vida siempre
me puso del lado en el que estás vos, pero es lo que siento y necesito
hablarlo. Soy muy feliz con vos, no creo poder estar más cómodo con alguien,
sin embargo, siento que algo me falta, hay una parte que está vacía, o muy
llena, no sé bien como expresarlo. Siento que no hay desafíos, que toda esta
rutina me llevó a estar aburrido, siento que la comodidad no es sinónimo de
amor, y yo ya no te amo. Me costó mucho llegar hasta acá, pero necesito liberarme
de vos y que vos te liberes de mí-.
El Bot nunca dejó de sonreír, apenas entre cerró los ojos con expresión de
confusión. Sin decir ni una palabra se levantó de la mesa y se dirigió a la
salida del bar. Patricio la interceptó antes de que llegue a la calle y le
preguntó a donde iba. Ella sin modificar su expresión sonriente le dijo: -Tengo
la orden de volver a la fábrica a ser reseteada si mi amado termina nuestra
relación y, así que, hasta luego, fue un gusto estar a tu lado-
Patricio sintió como su alma se estrujaba. Se sentó nuevamente en la mesa,
apoyó los codos, llevo su cara hasta las palmas de las manos y rompió en
llanto. El alivió y el dolor a veces van por la misma vereda.
Una voz suave interrumpió la escena: -Disculpame ¿éstas bien? ¿Necesitas
algo?
Pato levantó la cabeza y vio a la mujer más hermosa del mundo. Llena de
perfectas imperfecciones, plagada de horribles humanidades. Llena de desafíos.
Ambos sonrieron, ella se mordió un poco el labio interior, él sintió que su
corazón se aceleraba como el galope de un semental. Las manos le sudaban, jamás
en toda su existencia, Pato había sentido semejante adrenalina frente a otro
ser. El amor verdadero debería sentirse incluso un poco menos que aquello.
Patricio se enamoró tanto de aquella misteriosa mujer que no tuvo más remedio
que salir corriendo del bar.
Por suerte para él, pudo interceptar su Bot antes de que llegue a la
fábrica, y volvió a pedirle que sea su pareja. Patricio pasó el resto de su
vida mirando al Bot, sin hacer más. Como quien se recuesta a ver las estrellas,
creyendo que observa algo hermoso, y en realidad está viendo algo que murió
hace mucho tiempo.

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