El casorio






 

-Bueno muchachos, dejen un poco los celulares y préstenme atención, que quiero hacerles un anuncio- dijo Cucho, mientras golpeaba su vaso de gaseosa de manzana con un tenedor embardunado de restos de morcilla.

-¡Por fin! Vas a salir del closet ¿vas a contar cual de nosotros te gusta?- interrumpió el siempre desubicado Juancho.

-Dale che, no me arruinen el momento- continuó Cucho entre las risas de los comensales - Me caso con Nati el 19 de diciembre-

El aplauso cerrado y la ovación, producto del vino y la euforia, invadió el quincho. Y ese fue el comienzo de una jornada que se iba a clavar en nuestra memoria para siempre. El casamiento de Cuchito y la Nati tuvo de todo, digno de una tragi comedia española.

Ellos son novios desde chiquitos, fueron los primeros en el barrio en darse un beso, y desde ese entonces no se separaron más. Son la pareja perfecta, más de quince años juntos, sin grietas, sin problemas, sin escándalos. Cucho es el tipo más fiel que conozco en la tierra, hasta se sonroja cuando alguno de los muchachos habla de alguna modelo de la tele.  Y la Nati es un sol, estudió medicina y se recibió en tiempo record, labura en la salud pública, siempre con una sonrisa en la cara, nos recibe a todos los sátrapas en la casa y nos atiende como si fuéramos los hijos.

El casorio se hizo en una casa quinta impresionante, en las afueras de la ciudad. Los novios alquilaron diez combis para que nos trasladen a todos ida y vuelta. Caía sábado, inmejorable. La joda arrancaba 7 de la tarde con el civil dentro del mismo salón. Nuestro Cuchito parecía Bradley Cooper, de traje y moño, con el pelo engominado para atrás. Y la Nati, bella como siempre, clásica, vestido blanco, si no era el que usó la madre en su casamiento, le pega en el palo.

Finalizado el civil, nos invitaron a pasar al terreno de la quinta, donde había una recepción impresionante. Una picada monumental de fiambres, sanguchitos de todo tipo, camarones empanados, pinchos de frutas y quesos, todo lo que se puedan imaginar. Y para completarla, una barra en cada extremo del lugar, con todos los tragos conocidos por un alcohólico casual como yo. En el centro de la fiesta, tachos enormes repletos de hielo y cargados hasta arriba de latas de cerveza importadas, que parecían nunca acabarse. Cuchito se portó como un rey, y nos estaba regalando un fiestón impresionante.

Me acerqué a agarrar una lata de cerveza que me había recomendado el Pájaro, me dijo que era holandesa o algo así. En el momento en que hizo el clásico "pzz" de apertura, se me vino una chica con una cámara. Me explicó que estaban haciendo como una especie de juego pedido por los novios, y que está medio de moda en estos tiempos, que consiste en decir a cámara tu nombre y contar que estás tomando tu primer trago en la noche, más adelante, sin saber cuándo, la chica de la filmación te vuelve a buscar y tenes que decir tu nombre y por que trago vas. Luego esa recopilación se edita y quedan videos muy graciosos. Obviamente lo hice a sabiendas de que en el momento que volviera a buscarme, yo ya estaría en estado papelonero.

Los pibes nos dividimos en dos mesas, los que fueron con sus novias (los menos) y los que fuimos solos, que obviamente conformábamos la mesa más bulliciosa, y la que le gritaba al novio toda clase de piropos cada vez más subidos de tono.

Mientras esperábamos el primer plato se me dio por chequear el celu, los mensajes, boludear un rato con las redes. Pero en la mitad de eso, me sorprendió un flash enorme, como si todo el salón nos hubiera tomado una foto. Los miré a los pibes, que casualmente estaban en la misma que yo. Alguno hizo un comentario del tipo "epa  refusila acá adentro" y nada más que eso. Pasó como si nada.

La fiesta siguió desarrollándose con normalidad. Plato principal, con un asadito espectacular y luego la primera tanda de baile. Lo que vino después de eso, desencadenó una sucesión de hechos insólitos.

Volviendo a la mesa, después de unos minutos de baile, me cruzo con la chica de la filmación. Me para y me dice: -che ¿vos sos amigo del novio?- con cara de preocupación -si, de los mejores- le contesté yo con cierta algarabía -Me parece que hay un quilombo en puerta que tenes que intentar impedir- me dijo completamente seria mientras me giraba la cámara para que viera algo. En ese momento apareció Cucho, totalmente borracho (cosa que no pasaba para nada a menudo) diciendo: "Soy Cucho, este debe ser mi trago mil, y además me estoy volteando a mi cuñada, lo acabo de hacer en el baño". Giró la cámara nuevamente hacia ella y la cerró. 

En ese momento, sentí un millón de cosas al mismo tiempo. Pero lo primero que pensé es en encontrar a Cucho lo antes posible y sacarlo de la fiesta, no sabía bien que iba a lograr con eso, pero necesitaba encontrarlo ya. Me di vuelta, busqué con la mirada en la mesa principal y vi una escena que me partió el alma en dos, todo el alcohol que mi cuerpo contenía, se evaporó en cuestión de segundos, y estaba sobrio como para escribir una tesis: en la mesa, estaba Cucho apoyado, todo desalineado y con una media sonrisa en la cara y al lado de él, Nati, llorando desconsoladamente. Me acerqué despacio, pude ver a un Cucho completamente detonado, con el moño torcido y el pelo mojado, Nati tenía todo el maquillaje corrido. No pude llegar a la mesa, antes de eso, Nati se paró y salió corriendo con un grito que hizo que todos miraran la escena: "¡¿Dónde está esa puta?!"

Ahí todo fue caos. Las amigas de ella corrían atrás, la hermana intentaba esconderse entre las mesas, yo, que tenía toda la información pero que no tenía tiempo de contarla y los pibes que me preguntaban incansablemente que había pasado, mientras intentaba hacer reaccionar a un Cucho casi sin alma.

Finalmente, Nati alcanzó a la hermana y la agarró del brazo: "¡¿Como pudiste hacerme esto?!" "¡Sos mi hermana!" "¡Me cagaste la vida!" Y toda clase de frases irreproducibles que salían de una Nati completamente quebrada. La hermana no decía nada, solo lloraba y miraba hacia la mesa principal, buscando apoyo de su eventual amante. El mamotreto de Cucho, al lado mío, inmóvil, mirando un punto fijo, completamente ido. 

Durante unos diez minutos la escena se repetía en loop, y la gente se contagiaba con el llanto de la desgarrada novia traicionada. En un momento, Nati, miró a Cucho y se le vino al humo, la intenté parar, pero la verdad es que no le imprimí mucha fuerza, sinceramente había una parte de mí que quería que lo cague a cachetazos. Llegó hasta él, le levantó la pera con el dedo y le dijo: -y vos hijo de puta ¿no vas a decir nada?- Cucho pareció volver en sí. La miró a los ojos, y asintió lentamente con la cabeza. Se levantó y pidió que el dj le traiga un micrófono. Yo lo quise frenar, como último acto de protección. Pero no pude. Le trajeron el micrófono y se paró en el medio de la pista, frente a la pantalla gigante que seguramente nos iba a proyectar un video de la ex feliz pareja. Antes de empezar a hablar llamó a Nati y su hermana para que se pararan frente a él. Todos los invitados estábamos como en un teatro, parados alrededor, esperando como se iba a desarrollar todo esto. En ese momento, el refusilo nos volvió a cegar. Otra foto del salón. Se escucharon los abucheos. -"¡Pará! ¿Sos pelotudo? ¿No ves que es una situación delicada?- gritó Juancho hacía arriba, intentando ubicar al culpable. Arrancó a hablar Cucho con un tono muy bajito, de alguien derrotado:

-No se muy bien que decir acá, pero voy a intentar explicar esto. Miren la pantalla por favor- En ese momento apareció la primera foto que nos habían sacado en la mesa, el 90 % de la gente, celular en mano, los demás mirando a la nada, el detalle, Cucho y Nati sonriendo y mirándonos a todos y todas. -Y ahora miren la de recién- apareció la foto que nos acababan de tomar, las caras eran una pintura de dolor. Gente llorando, ojos brillosos, terror, enojo, podían observarse las almas de las personas.

-¿Se dan cuenta de algo?- dijo Cucho ya subiendo un poco el tono y acomodándose el moño -Cuando nosotros dos estábamos en el mejor momento, cuando todo era felicidad, cuando las cosas estaban bien, todos ustedes parecían no tener sentimientos ¿Acaso se acostumbraron a estar bien? ¿Tanto pueden minimizar la felicidad? La intensidad de su felicidad, no se compara ni un poco con la de su tristeza. En la segunda foto tienen más sentimiento que en toda su vida. Viven las desgracias con una intensidad inconmensurable, pero no se dan cuenta cuando tienen felicidad. No les importa. Es más, hasta cuando están bien, buscan algo para estar mal. Así son, así somos, me incluyo. Pero la vida no tiene que ser así, porque si seguimos dándole más valor a las tristezas que a las alegrías, nos vamos a marchitar.- todos nos quedamos con la boca abierta, sin poder creer lo que estábamos viendo. Tomó el micrófono Nati y agarró de la mano a Cucho:

-¿Cuántas veces les pasó algo malo, pero tan malo que desearon que sea mentira, que eso no sea real? Me imagino que muchas. Bueno, esta vez es así. Armamos esto durante meses, hasta tomamos clases de actuación. Nosotros 3 y la chica que filma somos los únicos que sabíamos de esto. Y ahí están ustedes, con esas caras que se caen al piso de la sorpresa- dijo Nati ya entre risas- Ahora, que saben cuántas cosas horribles pueden pasar y no están pasando, disfruten de lo que queda de la noche, con la energía que se merece. Pónganle a la joda, la misma intensidad que le pusieron a la desgracia. Cada vez que tengamos la chance de ser felices, hagámoslo, como si fuera la última- la música arrancó a todo volumen y la gente estalló en un grito.

Fue la mejor fiesta de mi vida. Pocas veces vi gente disfrutar tanto en una noche. Las palabras de aquellos locos enamorados se me grabaron para siempre, y a partir de ese día, intento pensar que todo lo que tengo y me hace bien, podría no estar, intento sentirme con suerte, y sacarle a esa suerte, todo el jugo posible.

Antes de irme, totalmente borracho, me acerqué a Cucho con una sonrisa que me delataba y le dije: -Hermano, te hago una pregunta...- antes de poder seguir, me respondió: -Si, escribí un cuento, no hay problema-.

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