Maradó
Desde que Diego nos dejó físicamente estuve buscando la manera de rendirle un homenaje. Primero pensé en hacer una canción, pero realmente hay tantas y son todas tan buenas que no me dió la cara para entrar ahí. Después pensé en hacer un dibujo o pintura, pero inmediatamente me acordé que lo único que sé dibujar es la casita con el techo dos aguas y la ventanita. Y me sale más o menos.
Asi que pensé en un cuento, una historia, una anécdota, algo. Y no encontraba nada, hasta que hoy en la radio que escucho hace diez años todos los sabados a la mañana, pasaron la canción "Maradó" de Los Piojos, y ahí me acordé: yo tengo una anécdota hermosa con Diego, que incluye una bella época de rock y amigos, y a continuación se las voy a contar.
Corría el año 2010 y en aquel momento las bandas tributo estaban muy de moda. Yo tenía 19 años y me habían convocado para tocar el teclado en una banda homenaje a Los Piojos: Babilonia. Yo los había visto como público tocando en vivo y me parecían geniales, la banda sonaba increíble y el cantante replicaba la voz de Ciro a la perfección. Venian en un gran ascenso en la escena del under rosarino, asi que a mí me provocaba un gran entusiasmo formar parte como músico.
Los demás integrantes de la banda eran bastante más grandes que yo. Asi que como corresponde, muchas veces me tocaba pagar un derecho de piso molesto pero entendible. Nada grave, preparar algunos fernet o ir al kiosco a comprar cigarrillos para todos, la verdad que para mis 19 años y tocando en una banda, era un precio muy barato.
Los muchachos me integraron rapidisimo al grupo y tuve durante meses un curso acelerado de rock, noche y todas esas cosas que acá no se cuentan. Tanto me aceptaron, que en aquella época recibí de parte de ellos el pseudónimo que me acompaña hasta el día de hoy y con el cual firmo todos los cuentos: Poison. El por que, va a quedar para otro cuento.
Veníamos tocando muy seguido, y cada tanto nos daban una presentación muy especial para nosotros que era en el mítico Wille Dixon, el templo del rock, un lugar donde los camarines, la atención (al principio) y la cantidad de gente que nos iba a ver nos hacía sentir casi estrellas. O al menos eso creíamos.
Pero el show que recuerdo puntualmente y que me lleva a la historia con Pelusa es uno del 3 de Julio de 2010. Lo recuerdo perfectamente porque aquel dia Argentina jugaba contra Alemania por el mundial de Sudáfrica y el director técnico albiceleste no era otro que el gran Dieguito.
En la semana previa al show tuvimos los ensayos correspondienes. En uno de esos ensayos, el Gallo, saxofonista de la banda, propone en un arrebato de cratividad que arranquemos el show de ese día con una interpretación del himno argentino tocado por Pablito en su armonica y a ese comienzo pegarle rapidamente el tema Maradó. -¿Y si perdemos?- dijo el siempre pesimista pero acertado Batan desde la bateria. Nadie le respondió, no teníamos en la cabeza que nosotros ibamos a tocar la noche en que Argentina había sido eliminada del mundial. Teníamos todo servido para tener una gran jornada: la selección ganaba a la mañana, nosotros dabamos el show de nuestras vidas a la noche y homenajeabamos al equipo y al diez.
El partido cayó sábado, y era alrededor de las 11 de la mañana si no me falla la memoria. Yo vivía con mi vieja en aquel entonces, y me acuerdo que ella me veía tan contento y entusiasmado con la selección y con el Diego que me había traido un dia desde el trabajo una bandera enorme de Argentina, con la cual yo me paseé por toda la casa más o menos desde las 9 de la mañana. Pocas veces tuve tantos nervios por un partido de Argentina.
Como todos sabemos aquel día la seleccion fue humillada por los alemanes, perdimos 4 a 0 y quedamos eliminados en los cuartos de final. Me recuerdo sentado en el sillón del living sólo frente al televisor, sacándome las lágrimas que caían a mares con la bandera Argentina, mientras en la pantalla lo veía a Diego, con su traje, con la cabeza en alto, una vez más, poniendo la cara y el corazón por el país que tanto amaba.
Me acuerdo que durante el día mandamos mensajes entre los musicos de la banda, cancelando el comienzo del show con el homenaje a nuestros representantes. A pesar de mi opinión. Yo quería hacerlo igual, con más ganas incluso. Pero como dije, mi opinión aún no valía mucho.
En la noche nos encontramos en el mismo bar de siembre, para hacer la previa ahí, tomar algo, comer, cambiarnos y esas cosas.
Durante toda esa previa hubo largas discusiones sobre si ibamos a tocar o no el tema y si ibamos a tocar o no el himno. Yo no le había dicho a ninguno, pero en la funda del teclado tenía guardada la bandera, algo me decía que iba a ser necesaria aquella noche repleta de sentimientos.
Llegamos a Willie Dixon a eso de la 1 de la mañana, el boliche estaba repleto (que tiempos aquellos) y entramos por la puerta de atras directamente a camarines. Repartimos las listas de temas ya escritas y Maradó no figuraba, ni en el principió ni en la mitad ni en el final.
Subimos al escenario y yo llevé la funda de mi teclado hasta arriba y la dejé cerca de mi posición, sin que el público la vea, obviamente.
Hay muy pocas personas que pueden saber lo que es estar arriba de un escenario y ver como abajo cientos de personas saltan y cantan, y yo en ese momento lo sentí, en realidad lo sentí en todos los shows de Babilonia, por eso amo tanto esa etapa de mi vida, y aunque haciamos temas de otros, era hermoso.
El show fue avanzando con los clasicos: Fantasna, Vine hasta aquí, Tan solo, Pacífico, Ruleta, Como Alí, etc. Recuerdo que en un momento vi como abajo se agarraban a trompadas dos muchachos, yo supuse que fue por la mezcla de alcohol y carga emotiva que tenía la noche, por suerte los amigos de cada uno los separaron y todo quedó ahí. Cosas que ahora ya no terminan tan bien.
Terminamos el último tema que era Muevelo y la gente enloquecida pedía otro. Nos miramos porque solo quedaba un tema ensayado, solo uno. Lo miré a Pablito y le dije:-" Dale, arrancá con el himno"- y así lo hizo. Empecé a ver como la algarabía del "otra, otra" empezó a bajar lentamente y todos se quedaron mirando el escenario paralizados. En el medio del himno empezaron a hacer pogo y a tararear a los gritos, y cuando terminó todos aplaudieron, con los ojos explotados en lágrimas. Lagrimas que serían invitadas a caer luego de ese final, cuando Pato, con su voz identica al líder piojoso, empezó a recitar el comienzo de Maradó. Arrancó el tema y yo fui corriendo a agarrar mi bandera, dejé el teclado ahí solo, ya no importaba la parte musical. Corrí hasta adelante del escenario y tipo arengador de estadio empecé a correr con la bandera, mientras veía a la gente abajo llorando a moco tendido al grito de "Maradó Maradó ". En un momento alcancé a ver a los dos que se habian peleado, abrazados saltando tipo en círculos. Uno se me acercó al pie del escenario y desde allá abajo me gritó llorando: -¡Dame la bandera por favor!- yo le sonreí pero no se la di, no la quería perder. -Dejame tocarla solamente- me repitió. Se la acerqué y la abrazó como si fuera su bebé. La besó y me la devolvió. Terminó la canción y nos despedimos, ovacionados, como pocas veces me pasó en la vida.
Aquella noche yo descubrí algo que pude terminar de entender con la partida de Diego: Esa frase que parece que la decimos de manera automatica, "Diego es del pueblo", no es una frase así nomás. Esa noche yo lo vi. Lo vi en los ojos de todos y cada uno de los presentes en el público. Esa noche vi lo que Maradona transmitía. Diego no era solo un jugador, o un técnico en este caso. Diego era la república Argentina. Era la bandera que te hace llorar, era el punto medio para abrazarte con tu archi enemigo. El Pelusa era la patria, levantarse siempre. Por eso él estaba ahi, por eso volvió a arriesgar todo lo que había ganado, por su país. Porque eso nos demostraba el diez todas las veces que podía, que aunque nos enojemos, aunque nos haga mal, aunque estemos divididos, por la celeste y blanca, hay que poner el pecho, las lagrimas y el orgullo. Porque es la mas grande de todas las banderas. Gracias Dieguito, hasta siempre.

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