El lobo aprendiz
Allí estaba el pequeño lobo, llegando a la vida, solo, sus padres
habían sido asesinados por cazadores. Se despertó en el pasto, en un hermoso
bosque, a unos diez metros de un lago con agua transparente que era abastecido
por una pequeña cascada.
El lobo quiso ponerse de pie,
pero estaba muy débil, así que continuó acostado. Lo primero que vio fueron
hormigas. Las vio trabajar durante todo el día, llevando pequeños trozos de
madera y hojas hacia su hogar. Las vio por horas.
Al llegar la noche se acostó boca arriba, y allí
por primera vez se quedó hipnotizado viendo la luna. El lobo no podía creer que
algo tan hermoso esté tan cerca y a la vez tan lejos.
Al otro día se despertó y se levantó. Lo primero
que pensó fue que debía buscar maderas y hojas para su hogar. Y eso hizo.
Durante todo el día, el lobo recogió plantas y trozos de madera que tenía a su
alcance, sin entrar en el bosque ni acercarse al lago. Apiló todo junto y al
llegar la noche se volvió a acostar boca arriba, para mirar a su gran amor
imposible.
El lobo repitió esta rutina por varios días,
hasta que en un momento vio que su hogar no era más que un montón de plantas y
maderas amontonadas. Entonces en ese instante entendió que él no era una
hormiga, así que decidió acercarse al lago. Allí se encontró con una gran
variedad de peces, los miró por horas, los veía divertidos. Estos no trabajaban
tanto, mas bien andaban sin preocupaciones en el agua. Al llegar la noche,
durmió boca arriba.
A la mañana siguiente el lobo salió corriendo
hacia el lago y se tiró sin pensarlo. Nadó un largo rato junto a los peces
hasta que se cansó. Entonces entendió que si se cansaba, no era un pez.
Apareció la luna y el lobo se fue a dormir.
Al despertar decidió entrar en el bosque, en
busca de nuevos animales, y ahí en lo alto de un árbol vio a un pájaro enorme,
el pájaro voló tan alto que lo perdió de vista. El lobo pensó que ese pájaro
podía conocer a la luna, así que intentó trepar al árbol. Lo intentó varias
veces sin éxito y comprendió que él no era un pájaro. Una vez más se durmió
mirando a su amiga la luna, sin respuestas.
Al amanecer decidió internarse aún más en el
bosque y encontró un oso. Lo miró asustado escondido entre los pastos y vio que
el oso lo tenía todo: tenia su hogar que era una cueva, podía trepar y hasta
iba al lago a refrescarse. Era perfecto, él lobo tenía que ser un oso, así que
se acercó, pero el oso lo atacó ferozmente. El lobo escapó asustado y se
escondió detrás de una enorme piedra hasta que se hizo de noche, y la luna lo
calmó.
Fueron muchos los días que el lobo pasó mirando
animales e intentando encontrar respuestas. Pero nada lo convencía, él no sabía
quien era.
Hasta que un buen día andando un largo rato de
pronto encontró a otros lobos. Estaban todos juntos, eran idénticos a él. Los
lobos se le acercaron y el más adulto le dio de comer en su boca. Por fin, allí
estaban, eran ellos, era él. Todo cerraba y por fin el solitario lobo ya sabía
quien era, su vida estaba escrita.
Pasó varios años junto a su grupo, cazando,
comiendo, bebiendo, andando de aquí para allá, haciendo lo que debía
hacer.
Un día, mientras el grupo caminaba, el lobo se
frenó. Miró a sus amigos irse y decidió que le aburría ser lobo, le aburría la
idea de saberlo todo, de no tener más preguntas, de no tener mas aventuras. Se
separó del grupo y emprendió su viaje sólo.
Al llegar la noche el lobo estaba feliz. Se
acostó, miró la luna y entendió todo. Comprendió que siempre hay que aprender,
que nunca hay que dejar de buscar y que lo más importante de todo es que nadie
puede decirte quien sos y que es lo que tenes que hacer. La vida es una sola y
es muy corta para vivirla obedeciendo.
Un fuerte estruendo sacudió la paz nocturna del
bosque, y la luz del lobo se apagó.
El lobo fue cazado por el único animal que aún
no entiende como evolucionar y aprender. Seres humanos. Esos mismos que le
dispararon a un animal indefenso en la noche. Esos mismos que no podían
entender por que en la cara del lobo había una mueca de sonrisa, mientras
miraba la luna.

Emi, este cuento me puso la piel de gallina la primera vez que lo leí. Sin saber que estaba dedicado a mi viejo, lo compartí con una amiga. Ahora que lo vuelvo a leer, sabiendo, me conmueve tu narración y la dedicación. Te felicito y te agradezco mucho el gesto. Abrazo!!
ResponderBorrarMe emocioné mucho escribiendolo. A él le gustaban mucho mis cuentos, hablabamos mucho de eso. Se extraña.
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