Conociendo a Papá Noel
ATENCION: SI DEL OTRO LADO HAY UNA PERSONA QUE ESPERA VER A PAPÁ NOEL EN ESTA NAVIDAD, QUE SEA RETIRADA DE INMEDIATO DE LA PANTALLA.
Soy una persona afortunada. En general digo. No me faltaron muchas cosas, y por lo general en éstas épocas de festividades, inevitablemente, solemos hacer un repaso aún más profundo.
Tuve una infancia muy linda, llena de afectos, de festejos, y de regalos. Todo eso es en gran parte resultado de una familia alegre y fiestera, que aunque fue mutando de integrantes, al dia de hoy siguen regalandome sonrisas y hermosos momentos.
En esta oportunidad les voy a contar de aquel 24 de diciembre de 1998, cuando con ocho años conocí a Papá Noel. Si, yo cumplí el sueño de todos los pibes, y aquella noche buena a las doce entendí todo.
Como dije anteriormente, mi familia fue mutando de integrantes. En aquellos años mi papá y mi mamá seguían juntos y las dos partes de la familia se reunían en mi nueva casa con patio grande a festejar navidad, año nuevo, cumpleaños o simplemente a comer un domingo. Era constante la presencia de parientes de todas las edades. Primos y primas de mi edad o más chicos, tios o tias que no llegaba a comprender por que eran tios y tias, novios o novias de parientes lejanos y el famoso grupo de viejas, que eran abuelas y tias abuelas.
Aquella noche buena recuerdo que mi mamá me vistió temprano para poder preparar cosas de la cena y no atrasarse. Asi que a las seis de la tarde yo estaba en el patio, sentado al borde de la pileta con mi ropita de fiesta y mi peinadito con gel viendo como mi papá sacaba las mesas al patio y colocaba los últimos adornos festivos. Por supuesto que en mi cabeza el pensamiento era uno solo: "en seis horas llega Papá Noel"
Aquel gordo símbolo de la navidad, era mi segundo ídolo máximo detrás de Charly Garcia. Lo adoraba. Y aquella noche me repetí a mi mismo que había llegado el momento de vernos las caras, no me importaba lo que decían los grandes, yo no creía esa ridiculez que si te quedabas esperando en el árbol no iba a aparecer, Papá Noel era un tipazo, y no me iba a dejar sin regalos. La decisión estaba tomada, esta vez no me iban a poder frenar.
A eso de las ocho de la noche empezó a llegar la gente. Los adultos se amucharon en la mesa a tomar sus bebidas que marean y a hablar de cosas que yo no entendía en su gran mayoría, salvo cuando hablaban de fútbol. Yo rapidamente me acoplé a mis primos, Sofi, que era un poco más grande que yo y me enseñaba juegos super divertidos y algunas travesuras que yo aún no conocía, y Rodri, que era como mi hermano, todo lo hacíamos juntos. Los tres armabamos nuestro propio micro clima de juegos y petardos inofensivos.
Mi prima no estaba tan entusiasmada con la llegada de Papá Noel, yo no sabía bien por que, pero eso me ayudaba a bajar la ansiedad, ella pedía (o exigía) que no se hable del tema todo el tiempo, asi qué las horas se pasaban más rápido.
La cena, para nosotros los más pequeños era fugaz. Apenas si nos sentabamos unos minutos y ya estabamos jugando otra vez.
Las horas corrían y mi corazón parecía salirse de mi cuerpo. Los grandes ya estaban juntando la mesa y poniendo esas otras botellas con el corcho que sale volando y me asusta, eso es señal que ya falta poco. Se viene el encuentro, ya no me importaban los regalos, quería ver al viejo de la tele y decirle en la cara cuanto lo adoraba.
De pronto, lo de siempre: algunos adultos se fueron adentro de la casa, ese momento que los chicos no podíamos ver, ese momento en el que siempre alguien me llevaba a un lugar abierto a ver pasar ese maldito trineo que nunca veía o que a veces me hacían creer que si. Pero esta vez nadie se me acercó, me di cuenta que estaba libre, era mi momento de ir a ver cara a cara a mi ídolo. Me acerqué disimuladamente a la puerta que separaba la casa del patio y comencé a dar saltitos para llegar a ver para adentro. En uno de esos saltitos me pude colgar de la ventana y ahí vi todo:
Lo primero que recuerdo es ver a mi tia abuela Dorita. Ella era una de esas viejas de película. Esas viejas perfectas, sin un gramo de maldad, era todo dulzura y carisma, tenía la capacidad de hacer reir a los chicos con muy poco y hacer reir a los grandes con chistes "verdes" que yo no entendía. La vi sosteniendo un paquete de regalos enorme y mirandolo con los ojos bien abiertos y una sonrisa deslumbrante. Lo llevaba en puntitas de pie hacia el árbol. Atrás de ella venían mis abuelas con más paquetes, mi mamá ordenaba el árbol para que no se amuchen los regalos. Todas sonreían, saltaban de felicidad al ver un paquete grande, se abrazaban, se reían, pocas veces vi tanta linda energía en un sólo lugar.
Me descolgue de la ventana y me fui a sentar al borde de la pileta, sólo, a pensar.
¿Que había sido todo eso? ¿Papá Noel finalmente no existía? ¿A quien le escribí las cartas? Muchas preguntas. Pero ninguna de esas preguntas me hacía mal. Yo estaba contento, tenía una sonrisa grande, estaba en paz.
"¡Llegó Papá Noel!" Se escuchó desde adentro de la casa. Y todos corrimos a abrir nuestros regalos, chicos y grandes. Como será la emoción de haber sabido toda la verdad, que ni siquiera me acuerdo cuales eran mis regalos aquella noche.
Luego de la ceremonia de apertura de paquetes, volvimos para el patio. Mi mamá me miró y supo que yo ya lo sabía todo, sin decirle nada. Me preguntó como estaba y yo le dije que muy bien. Y no era mentira.
Vino mi papá, me alzó en brazos y junto con mi mamá bailamos los tres en el quincho, solos, abrazados, posiblemente la última imagen que recuerdo de mis papás unidos y felices.
Aquella noche buena es imposible de olvidar. Aquella noche buena entendí todo. Entendí que el trabajo de Papá Noel era mucho más grande del que yo creía, era mucho más real. Papá Noel era más amor. Aquella noche entendí que no era el traje rojo, los renos, el trineo y la magia, Papá Noel era la sonrisa de mi tia Dorita, la complicidad de mis abuelas, el amor de mi mamá y mi papá, el esfuerzo de mi hermano y mi prima por prolongar la historia.
Nunca fueron los regalos, nunca fue magico. Papá Noel era una construcción pura de amor. Era más real de lo que yo creía. Y transformado en ese amor se quedó ahí para siempre, como mi máximo ídolo.

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