El dia que los angeles se enojaron


 Voy a empezar, como debe ser, por lo más importante. Mi hermano y yo somos dos fanáticos enfermos, pero pacíficos de Chary García. Y digo pacíficos porque nunca fuimos parte de esas tantas personas que tienen anécdotas personales con él, quizas por vivir en el interior, o quizas porque somos tímidos, la cuestion es que tuvimos pocas oportunidades de tenerlo cara a cara, dos para ser mas precisos, pero fueron efímeras, nada loco. Por eso en esta oportunidad voy a contar una simple crónica de un recital. Pero no es cualquier recital, es el famoso Concierto Subacuático, quizás uno de los mejores shows de la historia.

Corría el año 2009 y la recuperacion de Charly avanzaba lenta pero con paso firme, todos los dias googleabamos o prendiamos la tele para ver como estaba, para saber las novedades. Lo último que teníamos de "el nuevo Charly" era un show de unos pocos temas en Luján, donde se lo vió calmado pero contento. 

Unas semanas después anuncian un show, no era cualquier show, era un show grande, nuestro Dios iba a tocar en el estadio de Vélez. Me acuerdo que ya en ese momento teníamos un nudo en la garganta y la incertidumbre que rodea siempre a Charly. ¿Podrá? ¿Conseguiremos entradas? ¿Nos animamos a ir a Buenos aires sólos?

El primer paso se nos dió, el dia que pusieron en venta las entradas las compramos. Ya teníamos lo más importante, ya no había vuelta atrás.

Emprendimos la segunda etapa yendo a la terminal de colectivos a averiguar cual nos tomabamos para llegar lo más cerca posible a Liniers desde Rosario. El muchacho que atendía en ventanilla fue muy amable y a la vez un poco polémico con sus indicaciones:

-" Saquen pasajes en tal colectivo (por supuesto no recuerdo ningún nombre ni número). Ahí se van a bajar en puente Saavedra, ahí pregunten por este otro colectivo que los deja en la puerta del estadio de Velez, no quiero sonar discriminador, pero se van a dar cuenta que es el colectivo correcto porque van a ir lleno de bolivianos". ¿Polemico dije? Perdón. 

Emprendimos un hermoso viaje en nuestros asientos de arriba y bien adelante, en el viaje hacíamos bromas, jugabamos a adivinar el tema con el que iba a empezar, pensábamos en que invitados tendría el show, eramos como dos nenes en un parque de diversiones.

Llegamos a puente Saavedra, bajamos y nos miramos sin saber como proceder. Mi primer instinto, absurdo por cierto, fue decir: -"¿A ver si desde acá se ve la cancha de Velez?". Por supuesto que no se veía y ni siquiera estábamos cerca. Bajamos y entramos a un kiosco a preguntar cuanto nos saldría el taxi hasta allá. El kiosquero se rió y nos dio a entender que era imposible lo que planteabamos, prácticamente nos salía más que las entradas del show. Pero rápidamente nos señaló la esquina: -"Tomen ese colectivo, ese los deja ". Corrimos y nos subimos sin tener la más mínima idea de como pagar el viaje. El chofer nos dijo que el boletero estaba abajo en la vereda, que nos apuraramos que ya se iba. Compramos dos boletos a Liniers y partimos.

El colectivo era tal cual nos había contado el chico de la terminal de Rosario. Los muchachos de nacionalidad boliviana copaban la parada y las miradas hacía mi eran un tanto hostiles, claro, esto no lo mencioné antes, yo llevaba puesto el brazalete de Say No More, que para alguien que no sabe de que se trata se presta a confusión. Le dijimos al chofer que nos avise cuando bajabamos, no una, no dos, no tres, cuatro veces le dijimos, hasta que nos contestó mal y no volvimos a recordarle nuestra inquietud.

-" Ahora si, Liniers" gritó el chofer contento de sacarse los dos papanatas de su unidad. Bajamos y caminamos hacia la larga pero hermosa fila, la famosa fila de recital de estadio que solo los que aman esas travesías pueden entender.

Vendedores de todo tipo nos querían encajar cuanta cosa tenían encima. Particularmente recuerdo a uno que vendía fotos de Charly y el flaco Spinetta que eran hermosisimas.

De pronto algo empezó a cambiar todos los planes, el cielo se empezó a oscurecer cada vez más, se avecinaba una tormenta y de las que no son chiquitas. Un trueno fuerte sacudió la tranquilidad de la fila y todos y todas empezamos a saltar y cantar. Lo miré a mi hermano y con los ojos llorosos le dije: -"Mirá, los angeles estan enojados, porque Dios vuelve a estar entre los mortales ". Ninguno de los dos dijo mas nada. A veces el silencio es el mejor aliado para evitar el llanto. 

Entramos corriendo al estadio y nos posicionamos en la valla que separaba nuestro campo común del polémico campo vip y ahí nos quedanos. Empezó a gotear, el viento era muy fuerte y las pantallas parecían querer saltar de su lugar. La torre de sonido se movia. "Lleve su pilotín" gritaba algun vendedor oportunista. El rumor de suspensión empezó a circular rápido y yo me aferré con todas mis fuerzas a mi entrada cortada, por si era necesaria para una reprogramación. 

Es la hora señalada, ya estamos, ya se viene, de un momento a otro el dueño del sonido de nuestras vidas iba a aparecer, ni el mejor guionista del mundo pudo haber escrito semejante escenario para la resurrección. 

Se apagaron las luces del estadio, todos y todas gritamos fuerte, entre los miles de alaridos se escuchaba una melodía que parecía ser de Pubis Angelical.

La inconfundible voz ronca se hizo presente: -"Un, dos, un, dos, tres, cua". El amor ya no espera, el amor estaba delante nuestro. Arrancó el maestro.

No creo recordar la lista completa sin googlear y no es la intención, porque además tocó muchos temas que no están en el disco que saldría más adelante como No soy un extraño, pasajera en trance, Adela en el carrousel y No te animas a despegar, asi que sólo voy a narrar las cosas que más recuerdo. 

"Siempre que llovió, paró. "Say No More es impermeable". "No es la misma cancion de dos por tres, llueve" entre otras fueron algunas de las frases que el genio hizo en alusión a la tormenta.

En un momento se puso una especie de poncho, ese que vemos en la tapa del disco.

-"Bueno si con esto no estabamos santificados, ahora si. Mi maestro, Luis Alberto Spinetta" dijo Charly y el estadio se vino abajo. Arrancaron Rezo por vos y la voz finita del flaco casi no se escuchaba, se la llevaba el viento. -"Tiremos la valla" decía un revoltoso que quería ir más adelante. Como era de esperarse ese momento en que los dos estaban arriba del escenario fue el de máxima intensidad de lluvia.

El concierto entero se llevó el 80 % de las lagrimas de mi vida. Llegando el final los bises se sucedían uno detrás de otro hasta que llegó el último, el himno a la paranoia desenfrenada, No toquen. Charly y los suyos se despedían con toda la rabia del más puro rock and roll. Fin de la noche, finalmente se encienden las luces del estadio, empiezo a caminar a la salida y encuentro a mi hermano ya que nos habíamos perdido en algún tramo, por supuesto que tenía los ojos inflados igual que yo. No dijimos nada, solo un par de palmadas en la espalda. Esa maldita condena de los hombres de no demostrar con gestos todo el amor del momento. 

Antes que empezaramos a comentar algo y aun dentro del estadio empezamos a escuchar gritos. Charly arriba del escenario otra vez, cortito y al pié nos regaló una hermosa yapa. No se va a llamar mi amor cerró una noche histórica. 

Empapados y posiblemente resfriados llegamos a retiro y nos tomamos el primer micro que volvía a Rosario.

No se si fue Charly, no se si fue la lluvia, no se si fue haberlo vivido con uno de los seres que más amo en la tierra, pero aquel 23 de octubre de 2009, en una nueva Pascua del Rock, fuí feliz, muy feliz. 

"La linea blanca se terminó, no hay señales en tus ojos y estoy llorando en el espejo "


El Poison.

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